Juro solemnemente que amo a mi hija. La quiero sobre todas las cosas. De verdad de la buena que la amo con todo mi corazón, a ella y a su hermano. Pero… hace unos meses que ha vuelto a casa y yo estoy que ya no puedo soportarlo más.

Es decir, soportar tendré que soportarlo, lo cual no quita que me esté costando la vida. Esto es así, por muy mal que me sienta y por más que me diga que muy buena persona no debo ser.

Quién me lo iba a decir a mí, que lloré como una mona cuando se fueron de casa con unos meses de diferencia, que me iba a sentir así cuando la tuviera de vuelta. Estos años sola me han cambiado, ya no soy la que era cuando me dio el mal del síndrome del nido vacío. Y eso que me costó superarlo. El primer año lo pasé realmente mal.

Mi hija adulta ha vuelto a casa y no puedo soportarlo más
Foto de Cottonbro en Pexels

Yo, que nunca había vivido sola, tenía la sensación de haber perdido mi propósito vital. Ya no tenía nadie de quien encargarme. Nadie con quien hablar de cómo nos había ido el día. Nadie de quien preocuparme, nadie con quien compartir la cena o comentar esa serie nueva.

Sin embargo, poco a poco empecé a ver las ventajas de vivir en soledad. Entendí que no estaba sola, aunque viviera sola. Que era liberador no estar pendiente de otras personas las 24 horas del día. Que podía levantar el teléfono para comentar la jornada, la serie o lo que fuera que me rondaba la cabeza. Fui consciente de que había otras personas en mi vida, además de mis hijos. Ellos mismos me demostraron que podíamos mantener nuestra bonita relación aun viviendo a varios kilómetros los unos de la otra.

 

Mi hija adulta ha vuelto a casa y no puedo soportarlo más

 

En un momento dado, ya no es que dejara de sufrir, es que empecé a disfrutarlo. Fue, en cierto modo, algo liberador. Crecí como persona cuando me vi viviendo sola. Y le pillé el gusto a la libertad que supone.

No supe a qué nivel me gustaba vivir en soledad, hasta que mi hija volvió a ocupar su antiguo dormitorio. Sé que es una contradicción, pero estoy contenta de que esté en casa, de que no haya dudado en pedirme ayuda. Yo tampoco dudé en decirle que esta sigue siendo su casa y siempre lo será. Pero eso no quita que la convivencia, a estas alturas de nuestras respectivas vidas, se haya convertido en todo un reto.

Mi hija adulta ha vuelto a casa y no puedo soportarlo más
Foto de Cottonbro en Pexels

Ya no somos solo madre e hija, somos dos adultas compartiendo piso. Dos mujeres hechas y derechas y acostumbradas a hacer lo que les da la gana cuando les da la gana.

Y, de pronto, aquí estamos. Intentando adaptarnos a la situación. Sufriendo por las renuncias que estamos haciendo, pues soy consciente de que para ella tampoco es fácil.

 

Mi hija adulta ha vuelto a casa y no puedo soportarlo más

 

Aunque también veo que a ella le está costando más abandonar los roles de antes. Porque yo soy la madre, pero ella tiene 35 años, para bien y para mal. Tiene edad para entrar, salir y hacer lo que le dé la gana. Y también para comprender que yo no soy su chacha, que no puede pretender que me amolde a ella como cuando era una niña y que yo también necesito privacidad y estar a mi aire.

En fin, supongo que será cuestión de tiempo.

 

Adela

 

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