Cosillas curiosas que experimenta una en sus diferentes relaciones con el sexo contrario. Ahora lo recuerdo y me río, pero en su momento llegué a pasar un mal rato.
Resulta que estaba yo tonteando con un chico que conocí en el grupo de running. A priori no era mi tipo, pero como me apetecía de tanto en cuanto algún revolcón y el tipo no estaba mal, era simpático y además algo mujeriego, pues fui directa al grano con él y le tiré la caña. Que ya somos adultos y andarnos con tonterías, para qué.
La primera vez que nos acostamos fue antes de un fin de semana que íbamos todo el grupo en un autobús a correr una cursa al norte. Le dije: nos vamos a ir con el calentón y sólo vamos a estar pensando en liarnos, así que más vale irnos servidos de casa, como el que va a comprar al súper con el estómago lleno, y así allí ya estamos por lo que estamos.
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Y así hicimos. Antes de coger el bus a las siete de la mañana, ya amanecíamos juntos en mi cama, con los deberes hechos. Y a partir de ahí, tranquilitos y a aplicarse en la carrera.
Esa fue la primera vez, porque hubo más. Repetimos cuando nos vino en gana y lo pasábamos bien. Se notaba que el individuo tenía experiencia con las mujeres y que ni a él ni a mi nos ataba nada. Lo único que podría destacar de él y que a mi me hacía mucha gracia es que usaba condones como tres tallas más grandes. Nunca le dije nada al respecto, pero me parecía algo muy curioso. Cada vez que se enfundaba el manubrio abría su estuchito XXL (y porque no habría más talla) se ponía el megacondón y pa dentro.
Y yo pensando… nadie le ha dicho a este que no calza tan grande? Que de tías que hubieran visto esa desproporción estoy yo segura que unas cuantas había, y ninguna se había quejado o se había echado a reír? Imagino que harían como yo, que no hay más ciego que el que no quiere ver, y total, que si él se sentía a gusto, pues allá él con su ilusión. Que si el tema estaba en que iba a la farmacia henchido de orgullo a pillar el tamaño purasangre, quien era yo para desmontar el mito?
Pero nada, a parte de este pequeño detalle, todo iba bien. Era un buen amante.
Pero una tarde de folleteo en su casa, pasó algo inexplicable. Después de echar el polvo y haberse ya retirado y relajado, se fue a quitar el chubasquero y magia! No estaba. No me extraña, pensé yo, si tal como le queda lo raro es que se le aguante. Lo lógico era pensar que se me había quedado a mi dentro. Metí los dedos para retirarlo, pero… ohhh, allí no estaba.
Se habrá caído por la cama, pero tampoco. Miramos bien, que no se hubiera enredado con las sábanas, pero nada de nada. Volví a meter los dedos para mirar bien. Nothing! Aquí ya empezamos a preocuparnos. Deshicimos la cama, manteamos bien las sábanas… Él se agachó a mirar debajo del somier, que digo yo… como va a ir a parar un condón debajo del somier?? Pero es que ya no sabíamos donde mirar. Estábamos a punto de entrar en pánico. Recorríamos la habitación mirando por todas las esquinas. No sabíamos si reír o llorar. Ya como última opción, me volví a meter los dedos, no sé cuantos ya y abusando de mi flexibilidad, casi me metí hasta el puño en una maniobra digna del Circ du Soleil, y sorpresa!!!!
Allí estaba el magnánimo, hecho un gurruño aplastadito en el fondo de la vagina. Lo pesqué y lo saqué hasta fuera. Y ahí ya nos echamos a reír ya más relajados, soltando tensión, a sabiendas que esa sería una de esas para recordar. Y también imagino que él con la lección aprendida de que menos es más y que el traje mejor a medida.