Hasta aquí todo perfecto, mi padre falleció hace nueve años, aún eran los dos relativamente jóvenes, los sesenta y no me parece mal que rehaga su vida.
El problema es que es el marido de una amiga que también ha fallecido, y creo que sus hijos no lo llevan nada bien.
Recuerdo que una amiga perdió a su padre muy pronto también y rehizo su vida con un señor super majo, cada uno en su casa, pero compartiendo vivencias. Mi amiga y sus hermanos al principio estaban super alerta por lo que pudiera pasar, pero el tiempo sentenció que esa relación era sana. Al tener ese precedente, y aún sin conocerlo, yo estaba tranquila, mi madre tampoco era millonaria como para que quisiera estar con ella por su dinero.
A veces vemos más películas de las que debemos y las maximizamos en nuestras cabezas. Pero todas las formas de entender la vida son respetables y reconozco que en mi familia el tema de la muerte siempre ha sido muy distinto al del resto. El hecho de no vestir de negro como en los pueblos antiguamente y no quedarte encerrada en casa, a nuestro parecer, poco tiene que ver con el amor que se sintiera por la persona que ya no está.
Cuando se quedó sola, la medio obligamos a hacer vida social, la apuntamos a un montón de actividades, lo típico, pilates, cerámica, patchwork, todo lo que se nos iba ocurriendo. Hizo una pandi chula con unas cuantas mujeres de su edad y hacían escapadas y cosas juntas.
A una de ellas le diagnosticaron cáncer, hicieron piña entre todas y sobrellevaron la enfermedad como pudieron, apoyando y sobre todo estando ahí. Fue muy duro para todas perderla, porque ya os digo que es que por aquél entonces eran una piña y de hecho lo siguen siendo.
La pobre mujer tenía dos hijos y un marido claro a los que dejó hechos polvo. No voy a detallar la situación, unos meses después él retornó al mundo y a ver y quedar con las chicas, mantuvo el contacto y de alguna manera se mantuvo a flote.
Desde el principio en mi cabeza se hizo la unión, no sé por qué, fue algo instintivo o que a mi pareja le pareció lógica. En ningún momento tuve intención de juzgarla o prohibirle nada que la hiciera feliz, por supuesto, tenía que estar alerta, no fuera un loco o a saber, pero tampoco me iba a poner en plan padre autoritario, con el mío tuvimos más que suficiente las dos.
Poco a poco, y sin que yo lo supiera pero lo intuía, afianzaron su relación, tomaban café, iban al cine, en grupo o solos, se consolaban y se hacían bien compartiendo momentos. Siempre he pensado que hay cosas que es muy complicado compartir o contar a tu familia. Esta amistad o lo que fuera, me parecía positiva y una tontería mantenerla en secreto..

Yo veía que mi madre lo incluía cada vez más en las conversaciones en las que me contaba sus cosas, pero inmediatamente metía al resto de la pandi como para exculparse o no sé.. Sinceramente me daba igual y tampoco me iba a meter en la vida de mi madre si ella no me daba permiso, pero por otra parte me daba algo de rabia que no compartiera esa parte de su vida por temor a que yo no lo aceptara.
Un día invité a mi amiga, la que la madre tenía novio a casa, y aprovechando una de las veces que entré dentro a por algo, sacó la conversación de su madre, lo bien que lo pasaba yendo de viaje y de que si ella no se iba a echar uno y esas cosas. Mi pobre madre se echó a llorar, la culpa la comía por dentro, qué mal lo pasé, pero al menos dimos el paso de sincerarnos y aclarar el tema. Me lo presentó unas semanas después, yo lo había visto de lejos alguna vez que había ido a buscarla, un señor educado, con muchos problemas encima, sus hijos no estaban siendo tan generosos emocionalmente como yo, también lo de ellos era más reciente, pero se veía que tenía buen corazón y nobleza, el resto, no era de mi incumbencia.
Lo de contarlo a mi familia nos lo pensamos un poco más, pero se ha hecho si claro, aún no ha habido presentación oficial, como cuando éramos todos pequeños pero la habrá., quiero que sea todo sin presiones.
Ver a mi madre feliz es lo único que importa. A veces complicamos las cosas más de lo necesario y nos montamos nuestras pelis en la cabeza antes de que se escriban siquiera. Que lo importante es ser feliz, y de buen corazón eso nunca debería salir mal.
Anónimo