He sido madre hace menos de un año, estoy en una pompa de felicidad y cansancio, tanto físico como mental. La balanza en general se inclina a la sensación de enamoramiento y felicidad. Aún así, lo cierto es que de vez en cuando me apetece y necesito desconectar. En todos estos meses no lo he hecho nunca, la primera fue el fin de semana pasado.
Testimonios reales directos en tu móvil, chollazos y ofertones aquí — https://whatsapp.com/channel/
0029VbCFxa04Y9loKPiq5B2k Si prefieres en Telegram es aquí https://t.me/mundochollazo
Mis amigos me regalaron un viaje de tres días por mi cumpleaños y reciente maternidad, aprovechando que trabajamos todos de profesores y teníamos un puente que otros gremios no tienen. Tenía mucas dudas, pero lo hablé con mi marido y me convenció de que lo necesitaba, de qué me vendría muy bien y de que no pasaba nada por concederme unos días para mí. Me estuve sacando leche las dos semanas anteriores, para que no le faltara nada a mí bebé y dando instrucciones minuciosas de todos los cuidados necesarios para mí ausencia. Mi marido me llamó pesada, dijo que lo tenía todo controlado, que no me preocuoara y que me fuera a desconectar y a divertirme.
No desconecté, durante el viaje en coche hasta el lugar de nuestro retiro no paraba de mandarle mensajes, de llamar, de pedir fotos… Me sentía fatal dejando a mi bebé sin mí para irme de fiesta y relajarme. Le dejo con los abuelos por las mañanas, pero es por obligación porque me tengo que ir a trabajar y ya pasé el duelo en su momento; esto era diferente, no era por obligación sino por placer. Estaba llena de culpa.
Cuando llegamos a nuestro destino empecé a relajarme, a dejarme llevar y a pasármelo bien. Desconecté como hacía casi dos años que no desconectaba y me relajé hasta tal punto que el día de la vuelta solo me faltó llorar. La realidad era que desde que llegamos había dejado de pensar en mi bebé, solo pensé lo justo cuando me llamaba mi marido o me mandaba alguna foto. Realmente fueron tres días dedicados a mí.
Cuándo llegué a casa y vi su carita se me tiró a los brazos y yo me derretí y volví a ser la madre más amante del mundo. Todo mi ser puesto para él. Esa noche, cuando le dormimos y nos tumbamos en el sofá le conté a mi marido lo bien que me lo había pasado en el viaje y entre confidencias y arrumacos le dije que ahora que había vuelto a la realidad me había dado cuenta de que no había pensado nada en nuestro bebé ni le había echado de menos… No os podéis imaginar cómo se puso.
Me llamó de todo, mala madre, sinvergüenza, que solo pensaba en mí, que no pensaba en lo que habían pasado ellos esos días sin mí, todo el día llorando para que yo estuviera divirtiéndome por ahí…me quedé a cuadros. Precisamente fue él quién me convenció para que aceptara ir al viaje y el que llevaba meses diciéndome que necesitaba tiempo para mí, pero ahora me venía con esas…
Así que estoy aquí, llena de culpas y remordimientos por haber pasado unos días de desconexión. Pero por otro lado estoy muy enfadada, él, mis amigos, mi familia y la suya, la sociedad, se pasan el día diciéndonos que hay que tener un tiempo para nosotras mismas, que además de madres seguimos siendo mujeres y personas y luego me encuentro que cuando confieso que he estado desconectada en mis días de desconexión lo que encuentro es incomprensión y culpas. Me ha parecido de una hipocresía tremenda y me ha dolido, porque si yo ya me sentía mala madre por pensar en irme esos días ahora tengo la confirmación de que el resto del mundo también lo piensa y yo me lo empiezo a creer, aunque sepa que es lo más falso del mundo. Pero no me lo puedo quitar de la cabeza. Creo que tardaré muchos meses en plantearme ir siquiera al teatro.