Mi primer amor se llamaba Jorge y nos conocimos en el colegio. Jorge y yo íbamos a clase desde parvulario y, cuando las hormonas nos recorrían el cuerpo de arriba abajo y nos empezaron a salir granos en la cara, nos pusimos a salir. 

Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado

Al principio fue un amor tonto, de esos de adolescentes en el que esperas impaciente a que llegue el lunes para verlo de nuevo en el colegio, te escondes en el patio para darte algún que otro beso y vas por la calle de la mano con esa mezcla de nerviosismo y adrenalina tan adictivo. 

Ni qué decir que Jorge fue mi primer todo. Mi primer, amor, mi primer beso, mi primera vez. Siempre cariñoso y atento conmigo, súper detallista, el novio que toda madre quiere para su hija. Éramos jóvenes, sí, pero nos respetábamos y queríamos mucho. Estuvimos saliendo desde tercero de la ESO hasta segundo de Bachillerato y, entonces, llegó la temida facultad y nuestros caminos se separaron.

Él entró en magisterio y yo en veterinaria y, aunque seguíamos viviendo en el mismo pueblo, nuestras quedadas se redujeron al fin de semana porque teníamos otras obligaciones que atender que requerían todo nuestro tiempo. La relación se resintió un poco, pero nada que no pudiesen arreglar unas cuantas horas juntos para ver una película, salir a dar una vuelta o, simplemente, hablar de nuestras cosas y de nuestras respectivas carreras.

Pero Jorge comenzó a distanciarse. Pasó el primer año de universidad y, de repente, estaba muy liado, tenía mucho que estudiar o muchos trabajos que presentar. Ya no tenía nada de tiempo para mí, ni siquiera los fines de semana o los festivos. Empezó a salir con gente nueva y sus nuevos amigos eran más importantes que yo. Con ellos salía todos los fines de semana, iba a fiestas o de escapada, empezó a darle por el senderismo. Ya no era el mismo Jorge que yo conocía. 

Un día, uno de esos excepcionales días en los que tenía algo de tiempo para mí, quedamos y me confesó que quería dejarlo porque había conocido a alguien, pero, ese “alguien” no era otra chica, era otro chicO, con O. ¿Jorge era gay? ¿Desde cuándo? Me quedé en shock. No supe ni qué decir. Me quedé tremendamente chafada porque, ya no era que hubiese otra que le apañase más que yo, es que había OTRO. Fue un golpe muy duro para mi autoestima. Yo, que siempre había sido una chica muy segura de sí misma, que nunca me había planteado no ser suficiente, me habían dejado y mi expareja ahora era gay. 

Me encerré en mí misma. Dejé de salir o quedar con mis amigas. Desarrollé un trastorno de la conducta alimentaria y perdí 20 kilos. Estaba psicológicamente echa mierda. Tuve la inmensa suerte de tener cerca a mi familia, que estuvo conmigo y me apoyó en todo ese viaje. Empecé a ir a terapia y eso, junto con el tratamiento de psiquiatría, comencé poco a poco a salir del pozo. 

Fui incapaz de tener otra relación en mucho tiempo. Acabé la carrera más tarde de lo esperado, debido a todos los problemas que tuve y, sólo ahora, 10 años después, me veo capaz de hablar del tema y empiezo a ver la luz al final del túnel.

Hace poco conocí a un chico maravilloso, con el que mantengo una relación sana y ya no tengo miedo de que pueda decirme, de un momento a otro, que es gay. Jorge sigue en mi vida, porque vivimos en el mismo pueblo y no puedo evitar cruzármelo en el súper o en la calle, pero ya no me duele su presencia. He sanado esa herida y lo he asimilado, pero ha sido un viaje tremendamente doloroso para mí.