Un día, mi primo empezó a salir con una compañera de trabajo.
Curraba en unos grandes almacenes, la chica llegó nueva de otro departamento y él se quedó loquísimo con ella desde el minuto uno. El problema es que es demasiado tímido y le cuesta abrirse a la gente nueva, así que durante meses no hacía más que contarme lo mucho que le gustaba, pero nunca daba el paso.

Me tenía frita, así que le dije que hiciera el favor de pedirle una cita. Y para mi sorpresa, me hizo caso. Ella aceptó y al poco tiempo empezaron a salir. Aquella fue la primera relación seria de mi primo, y se volcó completamente con ella. Nunca antes le había visto tan feliz.

Pero a los pocos meses, un chico le escribió por redes sociales diciendo ser el novio de esa chica desde hacía tres años. Le mostró fotos, conversaciones, pruebas… y mi primo tuvo que aceptar la realidad: su novia se la estaba pegando desde el principio. Y no solo con uno, sino con varios más.

Cuando habló con ella para pedirle explicaciones, empezó el show:
—No es lo que piensas… déjame explicarte… no me dejes…
Pero finalmente se impuso la lógica y decidió dejarla. Fue muy duro, especialmente sabiendo que tendría que verla a diario en el trabajo.

Al principio fue todo muy incómodo, pero lo llevó lo mejor posible por el bien del ambiente con sus compañeros. No quiso contar nada para no alimentar el cotilleo… hasta que se enteró de que ella iba diciendo que lo había dejado porque él no la dejaba respirar.

Cuando fue a escribirle para decirle cuatro cosas, se dio cuenta de que encima le había bloqueado. Fue entonces cuando, pasadas unas semanas, me dijo:
—Se me ha ocurrido algo para darle en las narices, pero necesito tu ayuda. Tienes que fingir que eres mi novia.

Al principio me negué. Le dije que era una idea muy rara y que me sentía como si estuviésemos cometiendo incesto. Él me juró que solo sería un día, que nadie me conocía allí, y que quería pasearse con una novia guapísima delante de su ex.

Accedí.
Y he de reconocer que fue bastante divertido ver las caras de todos sus compañeros cuando nos vieron llegar de la mano. Me presentó a todo el mundo mientras yo me aguantaba la risa, especialmente cuando su ex nos vio y le cambió la cara por completo. Objetivo cumplido: se puso verde de celos. Nos fuimos de allí más chulos que un ocho.

Lo que no esperábamos es que, poco después, la desquiciada de su ex se pusiera en modo detective. La tía encontró fotos mías y de mi primo en redes sociales: cumpleaños familiares, vacaciones, eventos… y en los comentarios, cosas tipo:
—Felicidades, primo.
¡El genio de mi primo ni recordaba que esas fotos existían!

La chavala le desbloqueó y le soltó:
—Ya sé la verdad sobre vosotros.
Y cuando creíamos que le contaría a todo el mundo que todo era una farsa, va y le pregunta:
—¿No te da asco tirarte a tu prima?

¿¡Perdón!?

Sí, había descubierto que éramos primos. Pero en lugar de pensar que todo era un montaje cutre para darle celos, creía que estábamos juntos de verdad y que lo ocultábamos porque éramos familia.

Todo era tan surrealista que no pudimos hacer otra cosa que partirnos de risa. Hasta que supimos que se lo contó a medio planeta y que la gente de verdad creía que éramos dos primos pervertidos. Ahí ya no hizo tanta gracia.

Mi primo tuvo que tragarse el orgullo y confesarle a sus compañeros, muerto de vergüenza, que todo había sido una treta absurda para poner celosa a su ex. Que sí, yo era su prima, pero que obviamente no había nada entre nosotros.

Lo peor de todo es que muchos no se lo creyeron.
Y el rumor de que teníamos un rollo incestuoso siguió pululando por los pasillos durante semanas. La verdad, la jugada le salió fatal. Su ex se cachondeó de él hasta aburrirse y yo juré no volver a hacerle un favor en mi vida.

Escrito por Mar Martín basado en una historia real

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