Ahora sé que se llama colon irritable, pero hace más de 20 años se denominaba «problema digestivo». La alteración consistía o en padecer estreñimiento, o en tener diarrea. Nunca sabía por dónde iba a salir el tema. Ya aprendí que dependía de lo que comiera, así que, si tenía que salir a comer, apostaba por opciones con poca fibra para aguantar un poco el tirón.

A todo esto, llevaba cierto tiempo con una chica y habíamos ido probando nuevas opciones que iban más allá del mete y saca y el sexo oral. A ella le gustaba mucho el sexo anal y usábamos un dilatador antes de que la penetrase. Se lo pasaba muy bien con la sensación que tenía y siempre estaba buscando algo distinto para hacer en nuestro próximo encuentro.

Ese día llegó y antes nos fuimos a comer a una pizzería. Pensé: «no me voy a pedir una ensalada por si eso me suelta la barriga. No creo que por comerme una pizza me pase nada». La pedimos de jamón de York y champiñones, por si las moscas. Bebí agua para evitar que un refresco me amargase la noche, porque después de cenar nos íbamos a darle gusto al cuerpo.

Allá que nos fuimos, comenzamos con el repertorio habitual, me pidió que se lo hiciera por detrás, nos corrimos a lo bestia y ella propuso algo. «¿No te gustaría saber qué se siente cuando te meten algo por el culo?», me dijo. Siempre me he considerado abierto en el sexo y su propuesta no me disgustó del todo. Jamás pensé que por tocarme ahí fuera a ser menos heterosexual.

Pues bien, me dice que me tumbe con las piernas abiertas, coge lubricante y se pone a acariciarme el culo antes de comenzar a meter, poco a poco, uno de los dedos. La sensación era muy agradable. Con la otra mano me masturbaba y reconozco que tuve una erección brutal.

Lo malo es que, a medida que iba metiendo más el dedo, comencé a notar que mis tripas se movían cada vez más. Era una mezcla de retortijones, gases, molestias y demás. Pensé que era normal porque nadie me había tocado ahí, pero llegó un punto de no retorno. De hecho, le dije que me sacase el dedo porque tenía que salir pitando para el cuarto de baño.

No me puse un tapón, pero debería haberlo hecho. Tenía una diarrea horrible que me llevó a estar sentado en el trono durante un par de horas. Justo antes había padecido de estreñimiento y se entiende que el movimiento con el dedo había movido un poco la obstrucción, provocando una cascada imparable.

Como comprenderás, no sabía qué hacer. Estábamos en su casa porque sus padres se habían ido el fin de semana; tuve que desatascar el váter con una fregona envuelta en una bolsa de basura porque estaba hasta arriba, y para el olor vacié un ambientador completo. Ella les dijo a sus padres que había comido en la pizzería y que le había sentado mal la comida. Seguimos con la relación, encontré un tratamiento que me fue más o menos bien y los experimentos anales nos permitieron darle otra dimensión a nuestra intimidad. Eso sí, antes de nada, lavativa, relajación y al lío.