Ella sabe que a él le gustan los pechos grandes. Es consciente del deseo con el que siempre mira a las chicas que llevan un buen escote bien rellenito. Esta noche hará el amor pensando que tiene los pechos más grandes que haya visto en su vida. Enormes, reventones, bien redondos, bien suaves… con pezones del tamaño de una magdalena. Grandes y rosados, imposibles de abarcar con la boca.

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Hacen el amor como siempre, en la cama, a media luz, sin música ni velas ni historias… pero ella sueña. Sueña con esos dos botijos que se ha adjudicado gratuitamente, cómo se le caen por los lados y él los recoge con las dos manos, los amasa, los junta, intenta dominar tanta carne. Está que no puede estar más cachonda. De repente arquea la espalda exagerando aún más la voluptuosidad y cuando él la embiste deja escapar un gemido de nivel superior, permitiéndose sentir cómo esas manos juguetonas se vuelven pequeñas sobre semejante armamento.

Él está convencido de que ella quiere un miembro bien largo. No solo largo, enormemente largo. Por eso hoy hará el amor imaginando que lo tiene larguísimo. No sabe cuántos centímetros podrían caber ahí dentro sin hacer daño… 30, 40… al fin y al cabo, el vientre de ella ya ha dado a luz a una criatura de 54 centímetros. Eso significa que 54 caben. A malas doblados en zigzag como un metro de carpintero, pero caben seguro. Se lo imagina y se excita más… su polla inflada, penetrándola y doblándose sobre sí misma cada 15 cm. ¿Y si fuera como un muelle? ¿O como una cinta retráctil? Metros y metros de polla rellenándole el vientre. Placer arriba y abajo y por todos lados… madre mía, qué locura.

De repente ella arquea la espalda y deja escapar un gemido de grado superior. ¿Y si lo ha notado? ¿Y si hoy se le ha clavado más dentro que nunca? Solo imaginarlo lo vuelve loco. Y es entonces cuando explotan de placer, gimen primero y gritan después, y la vibración de sus cuerpos se prolonga hasta quedar exhaustos.

Él se retira despacio… y sin dejar de mirarla, se tumba a su lado y le dice:

—¿Puede ser que hoy tengas los pechos más hinchados?

Y ella sonríe y responde:

—¿Y tú? ¿Acaso la tienes más larga?