Llevo casi quince años siendo lo que ahora se llama “Wedding planner” y que yo todavía llamo Organizadora de bodas y eventos, en ese tiempo he visto muchos desastres evitables mediante normas sencillas que aconsejamos pero que no se siguieron. Una de las más habituales es “en las bodas, NIÑOS NO”. Y cuando empecé a trabajar en este negocio de locos yo era la primera que decía que eso era niñofobia, que la celebración era más bonita si también la disfrutaban los pequeños, que era un evento familiar. Pero no. Las bodas sólo hay dos maneras de celebrarlas: con niños o bien. 

Una boda con niños tienes que planearla forzosamente PARA LOS NIÑOS, no pensando en los adultos ni mucho menos en los novios, y se convierte en un cumpleaños infantil donde la pareja que debería ser protagonista pasa a un segundo plano para complacer a los niños que encima suelen ser de otros. El córner de queso y vino pasa a ser córner de croquetas y patatas, el de marisco, se convierte en el de chuches, el de jabugo e ibéricos, en el de empanadillas y minipizzas; las dos horas de barra libre se cambian por castillo hinchable; la orquesta en directo tiene que tocar el “Baby Shark”, el “Suéltalo”… y permitir que los niños hagan karaoke; el baile de la pareja se suprime porque es imposible hacerlo con un colegio de niños correteando por ahí y la noche de discoteca se cambia por la zona de juegos infantiles. Es algo que yo sólo aconsejo si los novios tienen hijos propios y quieren hacer la boda pensando en algo familiar y dedicado a los niños. En el momento que los niños son todos sobrinos, o hijos de los primos, de invitados de compromiso… no. Es TU BODA, no la ludoteca de los sobrinos, a los que puedes adorar, pero no dedicar tu fiesta, tu día único y especial a ellos. 

 

Las bodas son eventos de adultos y no son seguras para niños a no ser que, como digo en el párrafo previo, se piensen específicamente para ellos y tengas a X monitores cuidando de que estén separados de los mayores. Preparar una boda de adultos a la que van niños, es una chapuza en la que los niños se aburren mortalmente (los padres dicen siempre que no, que el niño se lo ha pasado fenomenal, mientras el pobre crío lleva seis horas tira que tira del brazo de su madre y grita “¡me quiero ir a casaaaaaaaaaaaa!”, pero, eh, se lo ha pasado de maravilla, no hay más que verle), están expuestos a accidentes y -siento ser así de clara, pero hay personas que sólo así me han entendido- estorban. 

¿Por qué digo esto? Porque lo he tenido que ver, y no ni una vez ni dos. Y podéis creerme, como madre de tres niños, me duele bastante haber tenido que ver cosas como:

-Niños dormidos en dos sillas puestas juntas, después de llorar HORAS hasta quedar agotados. A ver, si tienes el capricho de ir a la boda y no puedes-quieres dejar al niño con nadie, por lo menos vete a una hora prudente. No te quedes hasta las cuatro de la mañana con el niño sufriendo mientras tú te coges la tajada. 

-Niños que hacen tropezar a camareros y se les caen cosas encima. Son niños. Están jugando, se agachan, gatean (sí, he visto a papaítos dejar a bebés de gateo tan tranquilamente en el suelo mientras ellos beben y bailan), van de rodillas, y sin querer o queriendo, hacen que un adulto tropiece con ellos. Un adulto que puede ser un camarero que lleva una torre de copas, que lleva una tarta, que lleva una bandeja con café MUY CALIENTE y todo eso se cae al suelo o le cae al niño encima. He visto a novias llorar sin consuelo mientras su preciosa tarta de tres pisos estaba despanzurrada en el suelo porque un becerrito de seis años, creyéndose muy simpático, se tiró a por el carrito del pastel y lo hizo caer. Adrede. Y allí estaban los niños, ninguno pariente real de los novios, haciendo guerra de tarta y comiendo sentados en el suelo. Y a sus padres les parecía, buf, graciosísimo, no entendieron por qué los novios se enfadaron. 

Corolario a lo anterior: he visto a criaturas quemarse porque se les cayó encima café caliente. He visto deditos rotos porque un adulto no les vio y les pisó una mano, cortes profundos porque se les cayeron copas encima o pisaron cristales tras haberse descalzado. He visto muchas caídas y heridas serias que podían haberse evitado por el sencillo procedimiento de dejar a ese niño en otra parte. 

-Niños con adultos que se ponen patosos. Las bodas, y más aún bodas de gente muy joven, de mayoría de solteros, se convierten en fiestas de borrachos. Y nunca falta el imbécil profundo que cree que es muy divertido y que no pasa nada por dar alcohol a los niños. He tenido que ver a niños vomitando en el centro de mesa, en el macizo de rosas, en la fuente ornamental, en los zapatos-vestido de los novios, porque a un adulto le pareció muyyyyy gracioso darle alcohol o tabaco a una criaturita que no ponía aún dos cifras en su edad. Mención aparte merecen los que no tienen mejor idea que subirse a una mesa a hacer un strip-tease. 

Sé que alguna me dirá “¿pero qué clase de bodas organizas tú?”. Bodas con gente, cariño. Y la gente, vamos a meternos todos y que se salve el que pueda, no somos muy sentados, pero cuando hay alcohol y fiestorro de por medio, MENOS. Entonces, precisamente porque soy madre y organizadora de bodas, me van a dar igual las excusas y los “pues en mi boda…” que pongáis. U organizas un evento para niños, o los niños fuera de las bodas. 

Delice, de acuerdo con la experiencia recogida por Cisnedehielo.