No, mi hijo no habla. Hoy voy a hablar de un tema común en el mundo de la maternidad; por lo general es algo que he tratado de omitir de mis pensamientos, pero desde hace unos meses me ronda la cabeza. Y cada vez va ganando más fuerza.

Yo ya lo sé, pero las personas a mi alrededor se han dado cuenta de que mi hijo no habla y empiezan a preocuparme (un poquito) con comentarios del tipo «¿Todavía no dice nada?». Tiene dos años y no dice nada más allá de «mama», «papá» o «si/no» de forma correcta y otras onomatopeyas que nosotros ya interpretamos como palabras (por ejemplo, «baba» es agua, «momo» es camión, o «tutu» que lo usa para moto y autobús indistintamente). Ah, y «uaua» que es perro.

Todo lo demás son sonidos vocales, llantos, gestos, o nos coge las manos y/o nos hace movernos hasta entender que quiere.

enfado

¿Por qué a mí me preocupan más los comentarios de los demás que las capacidades de debate que tenga mi bebé? Porque es sin duda de los niños más sociables, alegres y activos que jamás haya conocido.

Le encanta probar sus capacidades motrices y ver sus nuevas habilidades: Puede bailar cualquier canción y sabe imitar a la primera cualquier acción o gesto que le propongas. También entiende los diálogos entre adultos y es capaz de seguir órdenes simples (como ayudar a poner la lavadora cuando se lo pides).

Yo soy optimista y gracias a mi tribu (esa red de apoyo que toda persona que ejerce la crianza de otro ser vivo necesita), cuando me preguntan «¿todavía no habla?», les digo que ya le llegará el momento. Que no hay de que alarmarse. Que cada persona tiene sus tiempos.

 

Pero debo confesar que llega un punto en que las comparaciones ajenas te llenan los ovarios y acaban con tu paciencia. Con esto me refiero a que NO, personas curiosas, mi hijo no habla, pero sabe echar su ropa sucia a lavar, ¿y su hijo de quince años, señora? ¿O le sigue lavando y doblando los calzoncillos?

 

Quizá no es la mejor opción comparar la evolución de personitas de tan temprana edad, ni ponerle retos que alcanzar el primero de la clase, o centrar su bienestar en cumplir con los requisitos que la sociedad pretende (por ejemplo, el control de esfínteres, pero eso da para otro post entero).

no habla

Puede que la mejor opción sea dejarles ser y crecer sin presiones y acompañar a las familias desde el respeto. Valorar los intereses y habilidades de cada uno y estimularlas. Hace unos años leí un texto sobre esto muy interesante. Decía que a cada persona se le dará bien algo en su vida, por lo que estaría genial potenciar esas facetas en lugar de ofuscarnos en que aprueben matemáticas, o ciencias, o lengua. Quizá debamos apuntarles a clases de dibujo si se les da genial.

¿En qué mundo viviríamos si de pequeños nos hubieran dejado trabajar en lo que nos motivaba y se nos daba bien, en lugar de obligarnos a dedicar nuestro tiempo en algo que solo nos minaba la moral?

 

No sé, es una propuesta.

 

MOREIONA