Es llegar la primavera y ya están los papás buscando campamentos de verano para sus hijos. En cuanto salen las fechas para de los coles para las vacaciones de verano, el WhatsApp de padres echa chispas.

Canal de mamis en whatsapp, vente!

Hablamos de plazos para presentar las solicitudes, porque las plazas son limitadas; de qué colegio ofrece un horario ampliado porque yo vengo de trabajar súper tarde y necesito que el niño esté allí las máximas horas posibles; o que si en el gimnasio del barrio también hacen campamentos de multideportes, los puedes dejar allí y practican natación, pádel y tenis por un precio bastante elevado, pero si no tienes plaza en los coles públicos que habilita el ayuntamiento, pues no te queda otra que pagar.

Aprovechamos el WhatsApp del grupo de padres del colegio y nos informamos unos a los otros de en qué campamento, cuántas semanas, en qué horario y si incluye comedor.

Es una pena, pero nuestros hijos son la generación sin verano. Están condenados a tener sólo quince días de vacaciones, que es lo que tenemos los padres.

Terminan el colegio un viernes y el lunes siguiente vuelven a madrugar. Mochila otra vez. Cantimplora. Gorra con el nombre marcado. Llegan a un edificio que, muchas veces, es su mismo colegio. Las mismas paredes. El mismo patio. El mismo horario de 9 a 14, ampliable hasta las 16 si quieres dejarlo a comedor.

Cambiamos el libro de matemáticas y las fichas de lengua por una pistola de agua y un bañador. En lugar de estar en las aulas, están en el patio haciendo una guerra de agua, pero al final el horario y la rutina está ahí.

Y yo me pregunto: ¿cuándo descansan?

Porque los padres de ahora trabajamos. Tenemos, con suerte, quince días de vacaciones en todo el verano. Quince días para cubrir casi tres meses sin colegio. Haced las cuentas. Es matemáticamente imposible.

Además, muchas empresas siguen sin facilitar el teletrabajo cuando hay niños pequeños. O cuando te lo permiten te obligan a conectarte a reuniones constantes y jornadas igual de exigentes que en la oficina. Entiendo que hay cosas que no puedes hacer en casa a la hora que te dé la gana, pero otras tantas sí, y aún así, te obligan a cumplir un horario estricto. Totalmente incompatible con tener a tus hijos en casa.

Por eso, a muchos padres no nos queda otra que tirar de campamentos urbanos para tener cubiertos a los niños durante el verano.

Yo sé que algunas familias piden ayuda a los abuelos. Pero no todos tenemos unos padres aún jóvenes y con buena forma física para llevarse a sus nietos a la casa del pueblo. Salir al campo, llevarlos a la piscina, rutas en bici… es agotador para los padres, pues imaginaos para los abuelo.

También está la opción de pedirse una excedencia, con todo lo que eso implica: no cobrar durante los meses de verano, y quien pueda pedirla, que hay trabajos que no te lo permiten.

Yo lo que hacía antes con mi marido era turnarnos las vacaciones: por ejemplo, la primera quincena de agosto la pedía yo, y la segunda él. Así teníamos a los niños cubiertos un mes entero. Pero entonces olvídate de vacaciones en familia. Parecemos padres divorciados: los niños quince días con el padre y quince con la madre. Prefiero coincidir con mi marido, aunque sea una semana de las vacaciones, al menos para estar juntos en familia, ya que podamos irnos a algún sito de vacaciones es otro tema…

Si tiene una casa en la playa, en el pueblo o en la montaña, igual te puedes ir con tus hijos de vacaciones mientras tu marido se queda en casa solito. Y luego cambiáis. Pero cómo no tengas dónde ir, ni dinero para alquilar algo (que esto de alquilar apartamentos vacacionales se ha puesto por las nubes) pues tus hijos se pasan el mes de agosto metidos en el piso.

Al final, es casi mejor llevarlos a los coles de verano, así al menos están entretenidos. Tienen los lunes: gymkana. Martes: taller de slime. Miércoles: piscina. Jueves: manualidades. Viernes: excursión al campo. Todo perfectamente organizado para que no se aburran ni un minuto. Parece divertido, ¿no?

 

Pues dependerá del niño. Hay niños que se lo pasan en grande, y otros estarán deseando que llegue de nuevo el fin de semana para descansar de tanta actividad lúdica.

Me duele pensar que el verano de mis hijos es una extensión del curso escolar, pero no es nuestra culpa. Es que el sistema está montado para adultos productivos, no para niños que necesitan parar. El mayor problema es que el calendario escolar no encaja con el laboral.

Vivimos en una sociedad donde la conciliación es una palabra preciosa pero un concepto que existe. Donde se habla mucho de corresponsabilidad, pero las jornadas siguen siendo rígidas. Donde te miran raro si pides reducción de jornada y aún más raro si la pide el padre.

Así que hacemos lo que podemos. Pagamos campamentos que cuestan un riñón, para tener ocupados a nuestros hijos. Mientras ellos nos preguntan: “¿Mamá, cuando empiezan las vacaciones?”. Sin ser conscientes de que son niños con quince días de vacaciones, cómo un adulto que trabaja.