Soy una persona muy meona. La típica amiga que siempre que sale visita el cuarto de baño de todos los establecimientos. En muchos casos, más de una vez. Por eso, algunos planes para mí se complicaban. Ir al campo, por ejemplo, me resultaba bastante incómodo. Sin baños en condiciones, lo de tener que agacharme para hacer mis necesidades me resultaba bastante desagradable. Así que a veces prefería no ir a según qué sitios.

Mi hermana, que practica deportes de montaña, me dio la solución. Me regaló un aparatito de silicona morado con forma de cono. La verdad es que cuando lo vi no me convenció demasiado. Pero si ella decía que funcionaba, yo no iba a ser quien le llevase la contraria.

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Antes de probarlo, decidí investigar un poco. Me metí en internet y empecé a leer acerca de las maravillas de aquel chisme. Muchas mujeres comentaban que lo usaban en los baños públicos. Teniendo en cuenta que cualquier persona tiene claro que una no debe sentarse en las tazas cuando está fuera de casa, la postura que tienes que adoptar para poder hacer tus necesidades con garantías higiénicas es bastante incómoda. La idea de poder miccionar de pie era muy atractiva.

La verdad es que aquel aparato era bastante grande y pintoresco. Desde luego, no lo puedes llevar encima si utilizas un bolso pequeño. El mío venía dentro de una cajita de plástico duro y resguardado dentro de una bolsita impermeable. Empecé a plantearme lo de la limpieza. Si haces pipí con eso, no lo vas a guardar en el bolso, así como así. Pero era cuestión de darle un enjuagón si estaba en un baño o meterlo en la bolsita impermeable y dentro de la cajita, hasta que pudiese limpiarlo. A ver, no era perfecto, pero dadas las circunstancias, me parecía que la idea no estaba mal.

Después de haber resuelto casi todas mis dudas, decidí probarlo. Al principio pensé en llevármelo directamente aquella noche, que había quedado con unas amigas para tomar algo. Pero como había leído que era aconsejable probarlo antes en la ducha, decidí que era una buena idea hacerlo para familiarizarme con su uso.

Y ahí estaba yo. La verdad es que, aunque parezca una tontería, estaba bastante nerviosa. Cogí el aparatejo, lo coloqué en mis partes bajas e intenté hacer pipí. Pero estaba incómoda y no me salía. No es que no tuviese ganas, es que me sentía extraña.
Intenté relajarme. Era una tontería estar así de rallada teniendo en cuenta que estaba sola en casa y no me estaba viendo nadie. Suspiré y volví a intentarlo.

Al principio, todo iba bien, parecía que aquello funcionaba y me relajé del todo. En ese momento, mi caudal fue excesivo y aquello empezó a rebosar. Me pareció muy desagradable.

Paré, me duché, lo limpié todo y descarté la idea de usar aquel aparatejo.
Al día siguiente llamé a mi hermana para contarle lo que me había pasado con su regalo. Cuando escuchó toda la historia, se puso a reír. Según me dijo, era algo normal. Había que practicar varias veces para hacerse al funcionamiento del dispositivo. También había que controlar un poco la fuerza con la que se evacuaba la orina. Era normal que, si lo hacía igual que si estuviese en un baño, la cosa no saliese bien. Pero bueno, todo era cuestión de controlar un poco.

Así que lo intenté de nuevo. La idea de hacer pipí sin agacharme era demasiado atractiva como para rendirme a la primera.
Así que de nuevo a la ducha. Esta vez siendo consciente de las limitaciones de aquel artilugio. No salió bien a la primera, ni a la segunda… a la tercera ya empezaba a tener color. Es verdad que no era la misma sensación que poder desahogarse en condiciones, pero si tengo que elegir entre la incomodidad de orinar en cuclillas y con el bolso en la boca y esto, desde luego que vale la pena.

También hay que tener en cuenta la calidad del cacharro, porque unos meses después me compré otro por internet, y al llegar me di cuenta de que era más blando y no se acoplaba bien a mis partes íntimas, por lo que utilizarlo con garantías era prácticamente imposible.
Pero sí, por extraño que pueda parecer, los dispositivos para orinar femeninos funcionan bastante bien. No solo para cuando no hay un baño cerca, sino también para niñas que aún no saben hacerlo en cuclillas en baños públicos, para mujeres con dificultad de movilidad y para todas las demás, para hacernos la vida un poco más sencilla.

Por lo menos esta es mi opinión. Tengo compañeras de trabajo que lo han probado y no han conseguido cogerle el tranquillo. En su caso, no han encontrado la forma de que no desborde y no mancharse. Pero supongo que la experiencia con estas cosas es muy personal. Yo lo recomiendo y, aunque puede echar un poco para atrás al principio, no se pierde nada por probarlo.

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Lulú Gala

 

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