Hace poco he convivido durante unos días con una conocida con la que ahora estoy coincidiendo más, porque es amiga de dos de mis mejores amigas. Nos hemos ido de cañas bastantes veces y yo sé que es una persona beligerante, intensa y con carácter, pero, hasta el momento, eso no me había causado ningún problema. Es más, me hacía gracia. Sin embargo, tener más contacto con ella ha terminado en agotamiento.

Esta mujer vive al acecho del debate, cualquier tema le vale para generar discusión. Una vez que entra en materia, y se mete con asombrosa facilidad, se enristra ella sola: profiere sus argumentos como un cañón, enfadada, subiendo el tono y sin dejar hablar. Como si estuviera en trance. Los demás solo podemos asistir a su perorata.

Basta con que expreses una opinión contraria para que te arrolle, a veces mezclando conceptos que no vienen a cuento o no están tan relacionados, pero ella dice que sí, que sí, que tiene todo que ver. Lo defiende todo con una pasión digna de dictadora, sin importar dónde estemos, la gente que haya alrededor o cuál es el tema de conversación.

A veces ni siquiera hace falta que le expongas una situación con todo detalle, sino que ella rellena los huecos de tu narración como estima conveniente y tendiendo a la indignación sin motivo aparente. Comenté que últimamente no me encontraba muy satisfecha con mi trabajo y ella me dijo que me había acomodado y comenzó a prescribir recetas a modo de solución sin que yo pudiera exponer siquiera los motivos, culpando al sistema de mierda y a la clase política. Se muestra tan segura de lo que dice que es capaz de discutir hasta lo que no tiene discusión ninguna.

La línea entre el respeto y la seguridad en una misma

Admiro a las personas que tienen sus ideas claras y buenos argumentos para defenderlas. Pero, en determinados contextos, creo que es propio de persona conciliadora y educada intentar alcanzar un término medio o dejar que la discusión muera sin tener que quedar por encima.

Yo la he visto discutir con toda su pasión con gente a la que apenas conoce y con la que no tiene confianza. Y no hablo de discutirles un hecho o una idea, sino una opinión que puede ser tan válida como la suya propia. Por ejemplo, se enfrascó en una discusión con una de mis amigas, a la que ella apenas conoce, sobre ser autónomo vs ser funcionario. A cualquiera le pueden funcionar bien una de las de la dos según su contexto, necesidades y metas, pero para ella este es un país de mierda en el que lo privado va mal y todo el mundo tiene que aspirar a ser funcionario si quiere tener calidad de vida.

Si la discusión gira en torno a alguna decisión política o tema de actualidad, apaga y vámonos. La he visto dar puñetazos al aire y lanzar soflamas sobre lo que le haría a tal o cual político (nada cariñoso, como podréis imaginar) hasta pasar de lo cómico a lo incómodo.

Cuando una es así de inflexible e intensa con sus ideas y opiniones, se arriesga a parecer soberbia y, sobre todo, a cansar a la gente. Con ella puedes tener una o dos discusiones así al día si te toca convivir con ella, pero, a la que hace tres, cualquiera hace bomba de humo y la deja escuchando su propio eco.

Personas que agotan la batería social

Lamentablemente, a ella le ocurre lo mismo que a otras personas con un nivel de intensidad similar: saturan. Puedes pasar con ella una tarde, pero, como te proponga ir a cenar, tu propio cuerpo y tu mente te pedirán que te alejes supurando incomodidad y molestia ante todo lo que dice o hace. Es defensa pura. Tu organismo se opondrá al agotamiento total de la batería social y te pedirá que te alejes.

Esta forma de llevar al límite a los demás a mí me parece muy arriesgada y agresiva, pero no sé si lo hace sin querer o es que se la suda todo porque “soy como soy y nada ni nadie me va a cambiar a estas alturas”. En mi opinión, creo que evitando ciertas situaciones sería un gustazo salir a hacer planes con una persona tan divertida e inteligente como ella, pero esa actitud tan tajante la convierten en alguien a evitar. En cualquier caso, yo no puedo elegir sus cualidades a la carta, está claro.

Creo que el destino me está poniendo una prueba en el momento justo. Hace unos meses me hubiera borrado de esta relación de amistad incipiente con la excusa de no tener que hacerme cargo, pero últimamente me estoy planteando si estamos confundiendo el bienestar y el poner límites con el individualismo crónico y el rechazo a la ligera a todo lo que genere incomodidad. ¿Cómo lidiáis en vuestro día a día con personas así?