Al decir “hippy”, no me refiero a la gente del haz el amor y no mires con quién, ni muchos menos a los hijos “anticapi” de empresarios que van de diferentes y librepensadores contestatarios… hasta que papá les da responsabilidades en la empresa. Con “hippy” me refiero a las personas que se salen del molde, sea por su estilo de vida o su personalidad.
La gente que es diferente me causa empatía porque enseguida sufren los juicios y críticas de los demás, demasiado encorsetados en las normas sociales. A veces, lo diferente o lo que no se entiende genera rechazo sin más, sobre todo entre las mentes pequeñas.
Pero últimamente he convivido con estas personas que se salen del molde y he visto que, quizás, he romantizado mi visión.
Los espíritus libres
Siempre he sentido cierta admiración por las personas capaces de seguir su rumbo sin atarse a nada ni nadie, librándose de convencionalismos e imposiciones sociales. La mayoría de las personas soporta un día a día exigente porque tiene cosas que compensan; otras, como yo, no somos lo bastante valientes como para romper con todo.
Me refiero a la gente con arrojo suficiente como para salirse del patrón. Quien deja su trabajo y se va de “woofer” a trabajar a cambio de techo y comida en la granja de un lugar remoto del mundo; o que se lanzan a la aventura sin un modo de supervivencia definido y van ideando maneras de sobrevivir.
Hace poco pasó por casa una pareja de espíritus libres, que camperizó su furgoneta y se dedica a viajar por la costa española buscando trabajo en la hostelería de vez en cuando. Ellos son buenos amigos de una buena amiga mía, que me escribió unos días antes para ponerme sobre aviso de su intención. Luego me escribió él para preguntarme si podían quedarse en mi casa un par de noches.
De inicio, me extrañó que quisieran venir a mi casa. Había coincidido con ellos varias veces y me caían bastante bien, incluso les había hablado del lugar en el que vivo. Más allá de eso, no había confianza, pero tampoco quise decirles que no. En mi casa tengo dos habitaciones libres, así que les dije que no había problema siempre que por la mañana no hicieran mucho ruido, porque estaría trabajando. Lo entendieron perfectamente.
Estuvieron solo dos noches, pero demostraron tener la cara como el cemento. Lo primero es que me dijeron que llegarían a las 20 h y yo les esperé en casa, porque el acceso tiene cierta complicación. Se presentaron a más de las 22 h sin una excusa o justificación. Me avisaron a las 20:30 h de que se retrasarían, sin especificarme hora. “¿Tenéis algo en casa para cenar o puedes acercarte al súper? Nosotros luego os hacemos Bizum”. Lo de menos era el dinero, obviamente. La cuestión es que vienes a mi casa, me haces esperar y, encima, me mandas al súper a por TU cena.

Les teníamos preparado un picoteo cuando llegaron. Al día siguiente, ella me pidió poner una lavadora porque, claro, en la camper no tienen. Además, supe que la ducha tampoco les va, por lo que tuve claro que mi casa era solo un punto estratégico en el que parar para cubrir necesidades básicas. Hablaron mucho sobre sus amigos no-sé-quiénes de no-sé-dónde, personas repartidas por diferentes puntos de España de los que se ve que se aprovechan, como hicieron conmigo.
La de las energías
Durante años, también coincidí mucho con la novia de un amigo que solía ser la comidilla tanto de los propios amigos como de sus novias. Parecía que nadie la entendía. A veces percibía miradas cómplices en el entorno cuando ella se ponía a hablar de horóscopos o de energías.
A mí me dijo en varias ocasiones que me consideraba una amiga, y que era distinta al montón de ceporros y ceporras que su novio tenía por amigos. Yo no buscaba su adulación, ni siquiera su amistad, pero me gustaba verme como un lugar seguro para ello en aquel grupo.

La chica sentía que no encajaba con nadie, ni siquiera con su familia, así que tenía rachas de mucho malestar emocional y le costaba adherirse a una rutina. Mi amigo, su novio, la comprendió y la ayudó cuanto pudo durante la relación.
Pero luego mi amigo se involucró mucho en la enfermedad de un familiar y ella se desconectó emocionalmente de él. Cada vez se les veía menos juntos, y ella andaba mucho con otra gente. Cuando murió el familiar de mi amigo, ella ni siquiera estuvo junto a él. Apareció por el cementerio a última hora, pero no se la vio ni en el hospital, ni el tanatorio ni en la iglesia durante todo el tiempo que la familia estuvo velando. A mí me dijo que era un sitio lleno de energías oscuras, que ella podía sentir presencias y que le afectaba demasiado ir.
La de las energías terminó con mi amigo porque ya no sentía lo mismo, según le explicó, y al poco tiempo empezó con uno de los de la pandilla con la que salía. Me enteré después que tanto ella como su grupo le pegan a todo tipo de sustancias cuando se juntan, y que lo de esta chica ya venía de largo con las drogas. Encima, su explicación de la ruptura es que su ex y ella “ya no llevaban el mismo rollo”. ¡Claaaaaaro, era eso! Ahí estaba la explicación más plausible para su indisciplina, su caos y sus malestares, y no en que fuera una persona diferente y, por tanto, incomprendida.
Supongo que mi romantización de este tipo de perfiles se debe a que yo me siento demasiado dentro de la norma en un sistema con estructuras que me gustan muy poco, pero asumiéndolo con resignación. Ahora veo que, al no romper con todo, apuesto por conservar la comodidad que he conseguido y, al menos, no molesto ni hago daño a nadie.