Querido diario

Pertenecí durante dos años a varios grupos de maternidad en Facebook y esto fue lo que pasó

NOTA INICIAL: Con este texto no pretendo en absoluto reprobar el comportamiento general de las mujeres entre sí. Sino mostrar la cara B de los grupos de maternidad, esos donde deberíamos encontrar alivio y comprensión y en los que, por desgracia, en demasiadas ocasiones se esconden perfiles dispuestos a envenenar el buen ambiente.

Hace unos días una amiga me preguntaba extrañada por qué tanta insistencia por mi parte en pertenecer a según qué grupos en las redes sociales. ‘Chica, yo es que veo que cada día tienes una nueva indignación y no entiendo qué sacas de positivo en todo eso‘ sentenció un poco malhumorada por mis mil historias estrambóticas.

Razón no le falta, seamos justas. Desde que soy madre ante mí se ha abierto todo un universo de grupos y comunidades digitales a tope de mujeres (madres en su mayoría) que con la excusa de encontrar apoyo ante las dificultades de la maternidad, también han localizado un espacio donde evadirse y soltar todo lo que las vuelve locas a diario.

Que visto de este modo es una auténtica maravilla. Un área por y para nosotras, donde conocer mujeres en nuestra misma situación, con las que conversar sobre temas que quizás en nuestro día a día no somos capaces de tratar. Un pequeño hueco donde sentirnos comprendidas. Qué utópico todo, ¿verdad?

El único inconveniente de todo esto es que una vez más aquello de que falta sororidad entre nosotras en muchas ocasiones es real. Y decenas de grupos de madres totalmente sanos se ven enturbiados por salidas de tono y prejuicios que desmontan por completo la razón de ser de todo esto. ¿Queréis saber más? Pues no perdáis detalle.

Antes de nada, cabe subrayar que por respeto a las normas de cada comunidad no adjuntaré capturas ni daré nombres personales. Muchos de estos grupos son secretos y tan solo puedes acceder a ellos a través de invitaciones por parte de otros miembros, sí, algo así como una logia femenina ultrasecreta.

Comencé mi andadura entrando en un espacio donde cientos de madres trataban preocupadas la crianza de sus hijos súper apegados. Bebés que precisan de atención constante y donde me vi muy identificada. Poco a poco me abrí al resto de usuarias y un buen día lancé la pregunta sobre la posible alimentación complementaria de mi hija, solicitando información sobre purés envasados. Desde ese momento fui ‘la de los potitos‘, se me criticó lo más grande por no optar por una alimentación casera o bien por el BLW (Baby Led Weaning) y nunca más se supo del buen rollo hacia mí.

Entonces empecé a sentirme fuera de lugar, a leer críticas y juicios de valor contra otras chicas por sus métodos de crianza. Acciones que me parecían injustas y muy duras. Y en vista a que desde la administración no se tomaban medidas, sino todo lo contrario, me fui con viento fresco dejando tras de mí un grupo que vitoreaba mi nombre como si fuera la peor madre del mundo.

Lo inteligente, seguramente, hubiera sido dejarlo ahí. Continuar con mi vida lejos de tanta tontería. Pero a los pocos días recibí un mensaje de una mujer. Ella también había salido huyendo de aquel espacio algo rancio y me invitaba a su propio grupo. Un lugar creado para las ‘malas madres‘, sin críticas ni censuras. Todo pintaba fantástico.

Pero y entonces ¿qué pasó? Pues que las redes parecen inmensas pero no lo son en absoluto. A los pocos días de estar dentro me avisaron de que alguien difundía capturas de mis post y de mis comentarios en otros grupos con la finalidad de continuar la mofa de la que había huido hacía semanas. Comencé a ser consciente de lo mala que puede ser la gente, que parece no llegarle con su vida y la educación de sus hijos, y necesitan alimentarse de este tipo de niñatadas. Bloqueé a estos personajes de mi vida y de mis redes sociales y continué adelante todavía un poco incrédula con lo que acababa de suceder.

Puede que lo peor de todo llegase unos meses después. Al fin había encontrado un espacio donde realmente estaba conociendo chicas interesantes, con las que hablaba a diario ya no solo de la maternidad, sino de preocupaciones diversas o de tonterías que me ayudaban a desconectar de un día agotador. Una tarde, una de las administradoras nos informó cabreadísima de que una página mexicana había realizado capturas del grupo (en serio, ¿again?) y las había colgado en su web. Era un espacio en pro de la crianza respetuosa y con apego, (irónico, ¿eh?), que pretende ‘educar’ a sus miembros a través de la crítica y la ironía contra los demás.

Se define como una comunidad que no pretende burlarse de nadie, sino que utiliza el sarcasmo como medio, pero básicamente alimenta su contenido con pantallazos a granel bajo los que sus miles de seguidoras ríen y se cachondean con una total falta de educación. Y yo, que no sé callarme (y debería ir aprendiendo) decidí entrar y solicitar educadamente que se eliminase el contenido de nuestro grupo.

No había sentido tanta rabia en mi vida. A los pocos minutos pude ver como decenas de mujeres viralizaban un meme con una de las imágenes de mi perfil que versaba ‘¿cómo estará su hija si ella es así de cachetuda?‘. Denuncié ante la red social solicitando que se eliminase ese contenido, pero ¡sorpresa! para el Señor Facebook aquello no era suficientemente ofensivo. Recibí mensajes privados de gente completamente desconocida con la única finalidad de reírse de mi cara o de soltar groserías sin sentido, todas venidas de aquel horrible meme.

Denuncié una vez más, bloqueé sin siquiera leer los mensajes. Y me mantuve al margen de cualquier red social durante unos meses. Ahora sí consciente de lo mal que estamos utilizando un medio tan magnífico como es internet, harta de la gente y un poco también aburrida de mí y de mi incesante necesidad de arreglar los problemas de los demás.

Hace algunos meses, todavía un poco reacia a volver al entramado de los dichosos grupos, una amiga (porque sí, estos espacios también me han dado amigas) me invitó al que ha sido mi último destino digital. Una vez más versando el ‘sin cesuras‘, solo para mujeres que están hartas de ser juzgadas. Decenas de miles de mujeres de todo el mundo, cada una con sus problemas, con sus inquietudes. Y, obviamente, con sus más y sus menos. El feminismo, los casos de violencia machista, las críticas al físico de otras mujeres… siempre parece haber un motivo de peso por el que romper la paz y la armonía.

Y ha sido de esta manera de la que, tras muchas semanas de colaboración y buenrollismo, he sido silenciada e invitada a abandonar el barco. No comprendo cómo en un lugar en el que se reúnen casi 50,000 mujeres todavía se excusan las malas palabras entre nosotras. Hablar mal de otras personas, ya sean famosas o gente de a pie, por su cuerpo o por cómo educan a sus hijos no debería ser un ejemplo ante tantísima gente que lee a diario lo publicado en un grupo. Visto lo visto no, bajo la libertad de expresión parece que todo vale, y decir que ‘el feminismo aburre‘ o que ‘ni machismo ni feminismo‘ es, según algunas, una opinión tan válida como cualquier otra.

Es una pena, pudiendo generar un espacio de sororidad y de unir fuerzas entre nosotras, que todavía se difundan ideas tan retrógradas y que poco, o nada, nos ayudan a mirar hacia el futuro. La diversidad de ideologías es fantástica, pero siempre intentando respetarnos entre nosotras y asumiendo el papel tan importante que cada una tenemos como ejemplo en la educación de nuestros hijos.

Tras el silencio y después de este post, muy probablemente me tocará bajarme para siempre de toda esta locura y quizás me esté haciendo un favor a mí misma y a mi cerebro. Agradezco todo lo bueno que he ganado gracias a estos espacios: amigas, consejos, risas o incluso simplemente comprensión. Eso me lo llevo ya en mi maleta y nadie me lo quita. Todo lo malo lo iré dejando por el camino.

Mi Instagram: @albadelimon

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