El hermano de mi pareja, lo que viene siendo mi cuñado, no es un lumbreras. Nunca lo ha sido. Que oye, no pasa nada. Tiene que haber de todo en la viña del Señor. De listos y de menos listos, digámoslo así. Lo que pasa es que él va de listo y es más tonto que la suela de un zapato.

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Decidió con veintidós años que ya era hora de sacarse el carné de conducir, porque todos los amigos de su peña se lo estaban sacando y él no iba a ser el último mono. Y que, además, con un «buen cacharro» (palabras textuales) seguro que tendría mejor planta y eso le iría a favor. Vamos, que quería tener carné y coche para pillar cacho. Se ve que nosotras, según su pensamiento, no nos podemos resistir a un tío guapo con coche. En fin… Veis el nivel, ¿no?

Pues, nada, allá que se apunta a la autoescuela. Y va a alguna que otra clase. Se intenta leer el libro, cuando leer nunca ha sido lo suyo. Y se pone a hacer tests en casa. Él decía que estaba chupado y que se le daba de maravilla, aunque mi novio no estaba seguro de que se le diesen demasiado bien. Pero como es más chulo que un ocho tumbado, decide ir a examen. Y suspende. Oh, vaya, qué sorpresa más inesperada.

Cuando ya suspende la teórica tres veces, no decide estudiar más (¿para qué?), antes de ir a por la cuarta (y volver a renovar papeles por segunda vez). No. Decide, junto con un amigo suyo, otro lumbreras (Dios los cría y ellos se juntan), ayudarse mutuamente. Lo que se conoce comúnmente como hacer trampas. A ver, de esto nos enteramos con posterioridad, por las consecuencias que tuvo su súper idea.

Es que le pillaron. Por lo visto llevaba un pinganillo conectado al móvil y fuera su colega le intentaba chivar las respuestas. Por lo visto, no fue muy disimulado, que digamos. Y como los vigilantes e instructores ya hace un montón de tiempo que están sobre aviso por este tipo de fraudes, lo pillaron con las manos en la masa.

¿Resultado? Detención por recurrir a tácticas ilícitas en el examen del carné de conducir. Sanción de quinientos euros de la Unidad de Investigación de Seguridad Vial del Sector de Tráfico por utilizar un dispositivo electrónico oculto y la imposibilidad de presentarse de nuevo a examen en un plazo de seis meses. Y ahora mismo está pendiente de juicio, en el que le pueden caer desde noventa días de trabajos para la comunidad hasta una condena de tres años de cárcel. ¡Tres años de cárcel!

Cuando su familia se enteró, se lio buena. Mi suegra llorando como una magdalena, rasgándose las vestiduras por tener un hijo delincuente. Mi suegro, corriéndolo a collejas por tonto e irresponsable. Y mi novio, su hermano, cada vez que le intenta decir lo que piensa de él, se da la vuelta y se va, porque creo que aún no se hace a la idea de que su hermano pequeño la haya cagado de manera tan monumental.

Yo no descartaría que la siguiente genial idea que tenga sea la de conducir sin carné…