Cuando conocí a mi novio él pesaba unos 80kg muy bien repartidos y yo unos 95kg centrados en las caderas y la barriga, en su mayoría. Yo estaba bastante acomplejada por un peso que había ido ganando lentamente a raíz de un tratamiento hormonal, aunque no me propuse remediarlo en serio hasta que empecé a notar que resultaba limitante. Me dolían las rodillas, me costaba hacer según qué movimientos y no podía tirarme en el suelo a jugar con mis sobrinos como lo hacía antes. Por lo que me puse manos a la obra y, con ayuda del endocrino, comencé a bajar kilos.

Quiero aclarar que esta no es la típica historia de alguien que adelgaza por las presiones de su pareja. Yo quería adelgazar porque sentía que mi salud y mi bienestar estaban en juego. Y, aunque él jamás me había dicho nada al respecto, contaba con todo el apoyo de mi novio. Tanto era así que él también se puso más fino, gracias a la mejora en nuestros hábitos y los cambios en la dieta que no dudó en adoptar conmigo.

Estaba muy contenta con mis logros y con mi relación, al menos hasta que una de las dos cosas se fastidió. Porque, para mi total sorpresa, mientras conseguía que la báscula mostrase el número que representaba mi peso sano, la relación se fue yendo a pique. Y rompí con mi novio. ¿Por qué dejé a mi novio después de adelgazar? Pues, según su versión, o lo que me han contado que va diciendo por ahí, porque estaba amargada por no comer… (Sin comentarios). Según mi versión, le dejé porque se había vuelto insoportable. Para cuando terminamos, apenas le reconocía en ese tío celoso y posesivo que no paraba de faltarme al respeto. Ese que se creía que, como ahora estaba delgada, de pronto era más propensa a serle infiel. Conforme perdía kilos él se fue volviendo desconfiado y controlador.

Se enfadaba cuando me arreglaba, aunque me arreglaba igual que con unos kilos más, porque gorda o delgada nunca dejé de ser presumida. Me acusaba de coquetear, empezó a sospechar de las intenciones de mis amigos…

Me reprochaba que me vistiera más ajustada que antes, se metía con la ropa que me ponía. Llegó a decirme cosas como que estaba muy subidita, que no me viniera tan arriba porque aún me quedaba mucho para tener un cuerpo perfecto. Que no había dieta ni ejercicio que cambiara mis formas. Que tuviera cuidado con lo que hacía, porque no todos los tíos eran como él, que me había querido gorda y todo.

Vamos, una locura total que nunca me hubiera imaginado, pero que fue lo que ocurrió.

 

Ainara

 

 

Envíanos tus movidas a [email protected]

 

Imagen destacada