Ya está hecho y estoy bastante en paz; de hecho, satisfecha con mi decisión, y creo que, si muchas compartieran mi pensar, viviríamos en un mundo más seguro para todas.

Lo que estoy a punto de contarles pasó hace ya un par de años, pero fue una de esas experiencias trascendentales que te cambian la vida y la perspectiva. Me fui de vacaciones con mi amiga más cercana. Llevábamos nuestros mejores outfits y las expectativas eran gigantes: íbamos a pasar la mejor noche de nuestras vidas.

Bebimos como siempre (ambas teníamos buena bebida), pero esa noche algo simplemente se sentía off. ¿Saben cuando sientes el cuerpo malo, como que te grita que te vuelvas a casa y que, mientras eso no pase, estés atenta a todo? Así me sentía, y cuando se lo comenté a mi amiga, no empatizó.

Se lo dije pensando que quizás era el lugar en el que estábamos, pero yo me sentía como si algo —quizás mi instinto— me gritara que volviera al hotel y me resguardara. Hice un intento por convencer a mi amiga de volver y no quiso. Ella llevaba un buen rato liándose con un tío extranjero y, en algún punto, me di cuenta de que mi radar apuntaba hacia él: lo que me tenía tan alerta, tan inquieta, era ese tío que, aunque no estaba haciendo nada explícitamente malo, tenía una energía que me ponía los pelos de punta.

Ellos bailaron, se enrollaron, pero yo ya no me quería ir, al menos no si mi amiga seguía ahí.

Insistí un par de veces hasta que ya estaba oficialmente pesada. Mi amiga estaba como poseída, y yo cada vez veía los comportamientos del tío más raros. De pronto estuvo rodeado de colegas y mi amiga básicamente abducida dentro del club. Como les digo —y no lo puedo explicar con claridad—, ellos no hacían nada malo en sí, pero yo sentía algo muy malo en la situación en general. Tenían como actitudes de culto o algo por el estilo.

Mi amiga pasaba de mí y se molestaba cada vez que interrumpía la movida entre ella y el chico con el que estaba.

Otra chica —o yo misma en otra ocasión— tal vez se habría hartado y se habría ido. Pero no esa noche. No yo.

Me puse pesada al nivel de armar un espectáculo en el club y, cuando finalmente la tuve fuera y no conseguí convencerla de irnos, llamé a su padre. Él le tiró una bronca horrible y, a ese punto, le exigió volver al hotel conmigo.

En el taxi, ella me dijo que estaba loca, que qué coño me pasaba, que si el alcohol me había caído mal para actuar así… Al día siguiente recogió sus cosas del hotel y me quedé tranquila porque sabía por su padre que estaba volviendo a casa.

Nunca olvidaré el momento en que vi la noticia en internet: unos tipos habían agredido en grupo a una chica… y reconocí la cara del chico con el que se estaba enredando mi amiga esa noche.

Nunca lo hablamos, de hecho, perdimos contacto después de esa noche, pero me consuela saber que, donde quiera que esté, está viva, y espero que feliz.