Mi amiga estaba cenando con su familia en un restaurante cuando oyó una conversación que le llamó la atención. En la mesa de al lado, había un grupo de varias amigas esperando a una última comensal. Cuando aquella llegó, se disculpó por la tardanza y aseguró que se había alargado una reunión de última hora que había tenido en la sede de la Diputación provincial, que es donde trabajaba.

Al final me ha tenido que traer el chófer.

Entonces sus amigas empezaron con los comentarios: “Anda, hija, qué bien, chófer y todo”, “Bueno, bueno, bueno en coche oficial, qué nivel”. Mi amiga no daba crédito. Conocía a una de aquellas mujeres y, cuando se acercó a hablar con ellas después de cenar, le preguntó por su amiga la “política”.

—Me ha parecido oír que ha venido en coche oficial, ¿no?

—Digo, la tía.

Pues qué bien que se gaste dinero público en traer a una a cenar, sin ser esto una reunión de trabajo ni nada.

—Mujer, no te pongas así.

—¿Que no me ponga así? ¿A vosotras os parece bien?

—Hombre, nosotras le hemos dicho que, mientras esté ahí, que se aproveche.

Mi amiga cogió un sofoco curioso y tuvo que dejar la conversación para no prorrumpir en insultos e improperios. Estaba cabreada. Me lo contó unos días después, con toda su indignación.

No es razonable que se tenga que usar un coche oficial y a un efectivo público para llevar a cenar a cualquiera con cargo político porque no llega en hora a una cita personal. Pero, cuando expones tu malestar, siempre hay alguien que dice: “Todos haríamos lo mismo”. Mientras no tienes los recursos a tu alcance, te indigna lo que se haga con ellos. Pero, cuando los tienes a mano y ves que otros a tu alrededor los usan también, la cosa cambia. ¿O no?

No estamos hablando de funcionarios, entre los que hay gente honesta y deshonesta como en todos los sitios. Por cada maestra que llega tarde todos los lunes, hay cientos que jamás se han pedido una baja. Por cada técnico de la oficina de empleo que se lleva una hora desayunando, hay cientos capaces de mover Roma con Santiago para echarte una mano con un trámite. Estamos hablando del acceso a cargos políticos, que tienen otra connotación. “Todos roban, así que yo también robaría”.

 

Aprovecharse solo porque se aprovechan otros

Detrás de un “Me aprovecharía, como otros se han aprovechado antes” o “No voy a ser yo el más tonto” hay un mensaje muy peligroso. Es un mensaje de mediocridad y conformismo que evita cualquier ejercicio de ética, de autocrítica o de conseguir lo que quieres por tus propios medios.

Es un mensaje que genera una desconfianza crónica en la clase política y, por extensión, en el sistema mismo. Pone en peligro al Estado garantista que reúne y gestiona recursos para la justicia social, incluso la democracia. Si eres uno de los que piensa así, poco derecho tienes a indignarte cuando te enteras de que tal o cual ministro o presidente han dado una mordida aquí o allá. Tú harías lo mismo, ¿no?

Me llama la atención lo poquito que le ha durado a algunas persona de mi entorno la integridad y la ética cuando han tenido acceso a ese “aprovecharse”: que si un aparcamiento reservado, que si un favorecer sutilmente a mi amigo, que si un colar a mi familiar en este proceso o esta lista de espera… Es como si uno entrara con toda su buena fe y dispuesto a aportar a una sociedad mejor y se viera arrollado por la maquinaria podrida de los partidos políticos y del sistema. Te ves abocado a actuar como los demás para no tener que salir antes de tiempo.

Cada cosa de la que me entero me cabrea. Me lo tomo como un fracaso del sistema y un peligro de que aumente la desafección, luego la tensión y luego el caos. Sin ir más lejos, creo que los adolescentes de hoy son los que más alejados están de los políticos actualmente. Y, aún así, cuando salen casos de corrupción, aún me preguntan: “¿Te sorprende?”. Pues no, joder, pero me indigna. Si algún día me da igual, habré caído en el conformismo y sí que podré decir aquello de que tenemos lo que nos merecemos. Mientras haya una sola persona íntegra digo que no: no nos merecemos esto. Pero la integridad comienza por un mismo.