Punto y final para una amistad

Cuando una pareja se rompe, siempre hay uno de los dos que lo pasa peor. Para poder aceptar el punto y final de una relación, hay que pasar por un proceso de duelo que produce dudas y sentimientos contradictorios, llegando a creer que no se va a poder superar la fase de tristeza. Pero si se consigue darse tiempo y espacio para procesar la ruptura, siempre hay un nuevo renacer.

Se ha hablado y escrito mucho sobre este tema.

Pero ¿qué hay sobre el fin de una relación de amistad? Si has tenido una conexión grande con alguien y, por el motivo que sea, se termina y no puedes volver a contar con esa persona, también duele, también sientes la traición, también pasas por la fase de negación, intentando justificar lo injustificable; la fase de ira, qué se habrá creído; la fase de confusión, pues no entiendes cómo la fuerza de la  amistad no ha podido salvar los escollos de la vida; la fase de análisis en la que te preguntas qué ha podido pasar; y la fase en la que acabas aceptando que posiblemente tú no eras tan importante para esa persona como ella para ti. Así que, hasta aquí.

Somos un grupo muy bien avenido desde nuestra juventud. Y cuando han ido llegando las parejas, se han integrado en el grupo sin ningún problema, pasando a ser miembros de la misma familia. Somos caracteres diferentes, pero nos queremos y respetamos la individualidad de cada uno. Y eso ha hecho que el grupo sea nuestra zona de seguridad, nuestro refugio para todo lo malo del mundo exterior. Es cierto que, por nuestras personalidades, para ciertas cosas encajas más con unos que con otros, pero eso sólo hace que nuestra experiencia vital se enriquezca. No tenemos que ir todos juntos a todas partes para seguir sabiendo que lo nuestro es verdadera amistad.  

La pareja de, digamos, un socio fundador, trajo al grupo a una amiga suya, soltera, que no pasaba por un buen momento. Se le abrieron los brazos, se le dio cobijo y seguridad y se convirtió en una más de nosotros. Con el tiempo conoció a un muchacho, con el que empezó a salir y lo trajo al grupo. Alegre, animoso, buena gente. Pues nada, otro miembro para la “familia”.

No sé si por edad, por gustos musicales, por humor procaz o por vete a saber qué, congeniamos de manera instantánea. Teníamos conversaciones de todo tipo, incluso de las serias, y en muchas cosas pensábamos igual. Algunas veces nos desahogábamos de nuestros problemas laborales, familiares o de pareja y otras veces nos hartábamos de decir tonterías y reírnos.  Era un gusto coger una cerveza, sentarnos uno al lado del otro y charlar durante horas sobre todo en general y sobre nada en particular. Incluso hicimos planes de conciertos de grupos que sólo nos gustaban a nosotros dos.

No obstante, al parecer, a la chica no le gustaba que nos llevásemos tan bien. Intuyendo el percal, traté de tener una charla con ella, recordándole que nuestro grupo era un lugar seguro y que nada malo nos podía venir de dentro de este. Como vi que su actitud no cambiaba, intenté mantener un poco las distancias, aunque él, cuando nos veíamos, me seguía buscando para nuestras charlas de horas.   

Con el paso del tiempo, empezaron a dejar de asistir a las quedadas de grupo. Parecía que siempre coincidía que tenían otros planes. Pero es que también empezaron a no contestar en el grupo de WhatsApp. A no hablar. A desaparecer. Ambos dos. Cuanto más nos esforzábamos para que les pudiese ir bien para quedar, menos caso nos hacían.

Llegué a preguntarle a él en privado de manera indirecta si había algo mal. Pero sólo contestaba con chistes. Incluso, después de un par de meses de incomunicación, le dije que le echaba mucho de menos y me envió un gif de Nicolas Cage poniendo cara rara… Aún no lo sé interpretar. Igual fue el primero que le apareció en la lista de gifs aquel día, a saber.

Tuvimos que asumir que ya no les interesábamos.

A mí me provocó muchas dudas y un sentimiento muy parecido a la traición. ¿Tan mal le había calado como persona? ¿Había estado actuando todo este tiempo? ¿Con qué fin? Todo lo que me había contado y lo que le había contado yo a él, ¿no le importaba? ¿No habían servido de nada nuestras confesiones, nuestros desahogos? ¿En verdad yo no significaba nada para él? Porque para mí, él había sido muy importante…

Después de unos meses de desaparición total, comprendí que era su decisión y que no tenía más remedio que aceptarla.

Como todo buen ex en general, de vez en cuando me mandaba un privado con alguna tontería, a la que yo reaccionaba mínimamente y si te he visto no me acuerdo.

Tres años después, en el grupo que aún estaba abierto, por mantener las formas, se habló de quedar. Y ella dio señales de vida y dijo que sí, que venían.

¿Perdona? ¿Por qué? ¿Y por qué ahora, después de tres años?

Yo la verdad es que no veía el por qué tenía que ir si ellos nos habían ignorado durante tanto tiempo. Pero los amigos me convencieron de que igual había pasado algo y nosotros éramos personas amables. Pues maldita la gracia. ¿Tú quieres volver a ver a un ex? Para mí no tiene sentido.

Llegó el día y he de reconocer que tenía los nervios metidos en la tripa. Cuando llegaron, él vino a abrazarme y a besarme, y a hacerme las mismas bromas de siempre y tratarme igual. Pero, tío, si llevas tres años sin verme, sin hablarme, ¿por qué narices me tratas como si nos hubiésemos visto ayer? Yo intenté mantener las distancias, pero él buscaba mi compañía y hablarme de su vida y preguntarme por la mía. Le di respuestas generalistas y busqué a otro amigo para no tener que tratar con él a solas.

Se iba acercando el final de la velada y de repente me entró la necesidad de saber. Y no me iba a quedar con las ganas. Creía que, al menos, eso me merecía, para poder dar sentido al punto y final. Así que esa vez fui yo quien lo busqué y cuando estuvimos a solas le pregunté a bocajarro qué había pasado para que volviesen a aparecer después de tres años. Y le dije en su cara que yo le había echado mucho de menos y que en el fondo me había dolido su desaparición.

Él hizo un par de bromas para quitar hierro al asunto y me contó que a su pareja no le sentó bien que un día habíamos quedado tres o cuatro y a ella no le habíamos dicho nada.   

  • Pues yo no lo recuerdo, pero habría algún motivo. Y si lo hicimos, fue sin maldad alguna, Pero, vamos que no tenemos que ir a cagar todos juntos ¿Por qué no dijo nada?
  • Porque estaba enfadada.
  • Copón, pues por eso. Que no tenemos tres años, Que hablando se entiende la gente.
  • Yo ya le dije que era una niñería, pero que era ella quien tenía que decidir, porque al fin y al cabo sois sus amigos

He de reconocer que eso me dolió.

  • Ah vale, gracias por la parte que me toca. Yo pensaba que tú eras mi amigo. 

Y no entendía por qué habías desaparecido. Pero ahora veo que te importo menos que nada.

  • No me digas eso, por favor, que sabes que no es verdad.
  • Ajá, lo he notado estos tres años. Digo, un amigo de verdad hubiese dado la cara o como mínimo habría llamado para explicarse
  • ¿Y qué te digo, que mi mujer no quiere veros?
  • ¿Y tú, no querías vernos? ¿No eres un ente individual, con pensamiento y sentimientos propios?
  • ¡Es mi mujer! No me voy a poner en su contra.
  • Hasta eso lo hubiese entendido. Un “mira, está pasando por algo, no quiere cuentas con nadie” y lo hubiésemos entendido perfectamente. Yo, personalmente, habría justificado tu actuación sin ningún tipo de duda. Joder, vivís juntos, sois pareja. Nos hubiésemos retirado para darle su espacio, aunque no supiésemos el motivo. Que al final, ha resultado ser una gilipollez…Pero ¿y por qué ahora?
  • Supongo que no se acaba de llevar bien con mi grupo de amigos.
  • Vaya, que se aburre y vuelve a probar con lo “malo” conocido, ¿no?
  • No lo tomes así…
  • Mira, déjalo. Ahora ya no me importa. Lo que sí sé es que yo ya perdí la conexión que tuve contigo, para mí eres casi un extraño, así que te pediría que dejases de tratarme como si nos hubiésemos visto anteayer.
  • Me haces daño.
  • No esperes que te crea. Tu comportamiento pasado me dice lo contrario. ¡Desapareciste!
  • Te enviaba cosas de vez en cuando.
  • Dos memes y una canción en tres años, sí.
  • Bueno, algo es algo.
  • ¡Venga ya!
  • Tienes que entenderme.
  • No, si te entiendo perfectamente. Ahora entiéndeme tú a mí. No confío en ti. No voy a permitir que volvamos a ser lo que un día creí que éramos. Hasta aquí hemos llegado. Para mí, pusiste un punto final a nuestra amistad y lo pienso respetar.
  • No fue punto final, fue un punto y seguido obligado por las circunstancias.
  • Te di muchas oportunidades y no aceptaste ni una de ellas. Así que se acabó.
  • No lo voy a permitir.
  • Haznos un favor a los dos: no te conviertas en un mal ex. 

 Morticia Addams