De toda la vida recuerdo a alguna amiga “amenazar” con hacerse lesbiana si su actual relación salía mal, por estar cansada de lidiar con hombres. Siempre fue esa broma recurrente y… ¡Pues ya no es una broma!

Internet se ha llenado de golpe de miles de mujeres hartas de que aguantar la falta de inteligencia emocional de sus parejas masculinas. En un mundo donde el ghosting es la solución a cualquier conflicto o duda, donde digas lo que digas es demasiado y donde cualquier cosa que suene a emoción es interpretada como una cárcel; las mujeres se han cansado y preferirían ser lesbianas. Como si fuera una decisión, por otro lado.

La alternativa a forzarse a tener relaciones con personas por las que en realidad no se sienten atraídas está siendo el celibato autoimpuesto. Una corriente enorme de mujeres que deciden eliminar de sus mentes cualquier cosa que tenga que ver con el amor romántico, pero también con las relaciones esporádicas. Como, al parecer, hagamos lo que hagamos está mal, mejor abandonarse al auto placer, a las relaciones con sus amigas, que hacen que la palabra “abandonarse” ya no tenga sentido, sino lo contrario, pues las amigas acaban cubriendo con creces esa necesidad de cariño y acompañamiento con creces y la tecnología superando las expectativas que se tenían en un aparato para dar placer.

Ahora que cada vez más hombres se unen a la machosfera, la redpill y todas esas corrientes repulsivas donde las mujeres no somos más que objetos rellenos con un minúsculo cerebro, que necesitamos de la orientación de un hombre que nos diga qué hacer y qué no; han llegado al tope, al límite, a no soportar más hombres que determinan según una vara de medir muy distinta a la que usan con ellos mismos quien es una mujer válida y quien no.

Esto me hace pensar que si la sexualidad, la orientación sexual y las emociones en general se pudieran decidir, elegir, la realidad que vivimos sería muy diferente. Ahora que sigue de moda decir eso de “el peor enemigo de una mujer es otra mujer” (frase de la que ya hablaremos) y sin embargo estamos deseando desarrollar el superpoder de relacionarnos solamente entre nosotras. Curioso.

No me voy a justificar diciendo que hay hombres maravillosos, yo misma estoy casada con uno y rodeada por varios de esos especímenes más; creo que con los acontecimientos históricos que nos han traído aquí y las redes llenas de “hombres estoicos” y podcast de “hombres de valor” sí que podríamos dejar de ser nosotras las que expliquemos que no les odiamos, que solamente reaccionamos a sus acciones.

Mientras se sigue diciendo cuanto se ha pasado el feminismo de largo, mientras las corrientes feministas están más distraídas en tirarse de los pelos las unas con las otras por los matices, la igualdad real sigue estando tan lejos…

Hemos avanzado, y eso es innegable, pero esta ola de retroceso es tan probable que nos arrastre de vuelta que cada paso atrás, cada discurso machista validado, cada altavoz delante de la persona equivocada es un enorme riesgo.

Así que, mientras ellos siguen intentando sacarnos los colores en público, nosotras parece que preferimos empezar a buscar el amor en nuestro bando. Yo animo mucho a la experimentación, ya que sabemos que hay millones de personas bisexuales que no han validado sus propios instintos por miedo o desconocimiento y quizá ahí esté la solución.

A las que me decís constantemente la suerte que tengo, deciros que no es suerte, fueron años de ensayo y error y, finalmente, elevar el listón a lo más alto y no permitir que se cuele nada por debajo. Y hay, existen hombres que renuncian a sus privilegios, que sonrojan a sus amigos cuando nos ofenden, que exponen a otros hombres… Existen, pero hay que buscar un poquito.

Luna Purple.