Querido diario

¿Crees que necesito que me digas que estoy gorda?

A ti, que te crees con derecho a opinar.

A ti, que debes ser mejor que los demás.

A ti, entrometida, impertinente y ordinaria.

Sé perfectamente cómo es mi cuerpo, cada palmo. Podría sorprenderte enumerándote los defectos de mi rostro, los michelines de mi barriga y la celulitis de mi trasero.

Sé mis medidas, mi peso, mi talla de pantalón, de sujetador y de camisa.

¿Crees que necesito que me digas que estoy gorda?

Supongo que esperas que tu justo juicio, tu sabia sentencia, me hagan replantearme mi vida.

Quizás, al oír en boca de una extraña que estoy gorda, de pronto piense: “Ostras, he llevado una vida impura de grasas y carbohidratos, voy a abandonar esa vida de pecados hipercalóricos y voy a encomendarme al Dios del fitness”. Supongo que esperas eso…

Pues jódete.

Como sano, todos los platos en mi casa llevan verdura, casi todos tienen además una proporción de proteínas, tomo fruta a diario y no cocino con grasas, huyo de lo frito… pero como estoy gorda debo comer mantecados a porrillo, y la base de mi dieta deben ser las hamburguesas del McDonalds. Pues mira, no. Tomo mis caprichos, y si salgo con las amistades no cuento las calorías. Como sano, sí, pero no me obsesiono.

Hago deporte. No todos los días, lo hago unas tres veces en semana, y de vez en cuando falto. Cuando tengo la regla me quedo en el sofá, comiendo chocolate y viendo películas que el resto del mes me avergonzarían.

Esa soy yo, esa es mi vida insana. Me sobran diez kilos. ¿Quieres opinar? Pues opinemos todos, que es gratis.

Yo opino que me gusta mi cuerpo, que es más grande que el tuyo, sí, pero también es sano. Tengo dos piernas que me llevan a donde quiero, que me sostienen y que me permiten jugar al pilla-pilla con mi hijo. Puedo correr, probablemente más que muchos (en especial si me persiguen).

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Tengo dos brazos, lo suficientemente fuertes como para cargar con veinte kilos de niño cuando se cansa y me pide “mami, brazos” (sí, sé que ya es grande para brazos, pero si se cansa…)

Tengo un cuerpo que, vestido adecuadamente, puede quitar el hipo, y sin ropa, a mi marido se lo quito definitivamente.

Y tengo una vida, una que me permite olvidarme de tus comentarios hirientes a los diez minutos… quizás por eso he dejado que los digas más de una vez. Pero ¿sabes qué? No tienes derecho a opinar sobre mi cuerpo, no tengo por qué aguantarlo. Nadie debería tener que aguantarlo.

Así que jódete. No eres más bonita, ni más joven, ni más sabia por decirme que estoy gorda. Y ¿sabes qué? También estaría bien que dejaras de decir “gorda” como si fuese la peor enfermedad del mundo, como si fuese poco menos que una sentencia de muerte… Soy gorda, sí, pero también soy sana, soy feliz, soy… soy muchas cosas más, cosas que no te importan o que no deberían importarte. Igual que mis kilos.

Anónimo.

En las fotos: gabifresh

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