España entera despierta con resaca de OT el reencuentro. Es momento para la nostalgia y para revivir todo lo que ese programa de televisión nos hizo sentir. De la mano de Televisión Española hemos retrocedido en el tiempo y, os habrá pasado a muchos, hemos podido revivir momentos de vuestra vida personal acompañados del recuerdo de los dieciséis concursantes que pasaron por la academia de Operación Triunfo.

Cada uno tendréis vuestro favorito y cada uno recordaréis OT de una manera distinta. Pero estoy segura de que todas las gordas de España estamos unidas por un sentimiento del que jamás lograremos desprendernos: la tirria venenosa hacia Rosa López, la mujer que lo logró y se convirtió en baremo sobre el que medir al resto de gordas en este país.

Rosa entró en este programa de televisión pesando unos 110 kilos, en el programa se puso las pilas  y quince años después sigue siendo el paradigma de «las cosas bien hechas» para cualquier opinador medio. Y es que la gran mayoría de vosotros, personas normales con vidas normales, habréis caído ahora en que OT cumplía quince años debido al boom al que hemos sido sometidos gracias a la televisión nacional, pero nosotras, las mujeres gordas, nunca hemos olvidado aquella primera edición, porque desde entonces, y cada día de nuestra vida, hemos sido comparadas, y encima para mal, con Rosa. 

No le quito mérito al trabajo de Rosa, al contrario, siempre la he admirado, y no por su físico, porque eso sería ultracínico, además de que tampoco es que esta mujer sea el parnaso de tener cuerpazo; yo he admirado a Rosa por su voz. La voz de Rosa es única e irrepetible, y nunca he acabado de entender por qué no «se la ha explotado» como a otras grandes cantantes. Haber vuelto a escucharla en el documental que TVE ha preparado para celebrar el reencuentro de los concursantes de OT me ha recordado que Rosa tiene y es un vozarrón. Pero mira, con toda la sinceridad os lo digo: estoy hasta el coño de Rosa. Y lo peor es que ni tiene la culpa ella, que simplemente se ha limitado a hacer lo que le ha dado la gana con su vida, ni tengo la culpa yo, que, como os digo, he sido fan de Rosa. La culpa la tiene toda la gente que durante quince años, que se dice muy pronto, QUINCE AÑOS, me ha machacado diciéndome «mira qué guapa está Rosa, si ella pudo, tú también puedes». 

Aunque sea una verdad como un templo, porque yo también pienso que Rosa está guapa y es totalmente cierto que ella pudo y que seguramente yo también puedo, cualquier frasecita de los cojones que empezase con un «Pues Rosa…» se ha convertido en una auténtica tortura para mí, como esa tortura china tan famosa que se llama la gota, que consiste en hacer caer sobre una persona una gota cada cierto tiempo, consiguiendo, solo así, sacarla por completo de sus casillas. Pues yo lo mismo, con cada «Pues Rosa» que escuchaba mi sangre hervía un poquito más, habiendo llegado, en la actualidad, a no sentir ningún cariño por este personaje tan entrañable, sino más bien un poco de rabieta.

Paso de ti, Rosa, me da igual tu puta vida y tu puta pérdida de peso, solo me importa tu voz y encima no veo que la uses para cosas muy maravillosas. ¿Y sabes por qué paso de ti? Porque la gente es más pesada que tus 110 kilos, porque se cree que somos todos iguales y vivimos rodeados de las mismas circunstancias, profesionales, personales, físicas y psicológicas, y por lo tanto, se nos puede medir a todos con la misma vara. Porque si alguien tiene el descaro de compararme a mí con otra gorda para ver quién está más gorda de las dos o quién ha conseguido adelgazar más, a lo mejor tendría que compararla yo a ella con Brad Pitt y decirle que me da un asco terrible su cara de vieja, que podía hacer como Brad Pitt que con cincuenta años está para mojar pan, que por qué no ha hecho con su vida lo mismo que Brad Pitt con su cara.

Pero claro, yo tengo un poquito de decencia, o, al menos, las cosas más claras que la mayoría de la gente. Y sé que no soy ni mejor ni peor que tú, Rosa, y sé que lo que los demás hagan con su vida no tiene por qué definir, ni mucho menos, guiar, la mía. Y no solo eso, sino que estoy tan a gusto conmigo misma que lejos de compararme con otra persona para sacar sus defectos, prefiero alegrarme por su éxito, así que voy a aprovechar este quince aniversario de un programa que fue muy especial para mí para reconciliarme con Rosa-exgorda y reconocer públicamente que me alegro por tu cambio y no puedo evitar sentir un poco de envidia sana, pero que, por lo que he visto, en parte gracias al documental de OT el reencuentro, yo no quiero para mí lo que tú tienes. Yo quiero sentirme orgullosa de mí misma sea cual sea mi estado físico, gorda o delgada, porque nunca permitiré que mis kilos definan quién soy o limiten lo que puedo llegar a ser.

¡Un beso para Rosa y un saludo a todas las pellejas que necesitaron decirme que Rosa está mucho más guapa ahora que ha adelgazado!