Querido diario

Una tullibuena y una pechugona se van de compras

No, no es el inicio de un chiste malo, aunque a veces las situaciones parecen una broma. Voy a contaros ciertas cosas que nos ocurren a mi madre y a mí cada vez que vamos de compras a nuestro centro comercial más cercano. Os pongo en antecedentes: mi madre va en silla de ruedas y yo uso una copa de sujetador bastante mayor de lo que las marcas consideran “normal” teniendo un contorno “típico”. Nada de esto es raro, estamos bien contentas con nosotras mismas, pero a veces pasan cosas… Cosas dignas de Cuarto Milenio…

  • El probador para minusválidos de Schrödinger. Está disponible y no lo está a la vez. Porque en muchas tiendas donde hay uno específico está lleno de trastos. Olé tú. Ahora, que aquí hay que admitir que en otras tiendas está habilitado estupendamente y mi madre se puede probar lo que quiera. Pero a lo que voy es que no tiene sentido poner barreras para que la gente te compre. Error 404, “lógica” not found. De esto habla uno de los artículos que podéis encontrar en WeLoversize, escrito por la preciosa Ángela.
  • Las tiendas de ropa invisibles. Hemos tenido que desarrollar ceguera selectiva para ciertos lugares, porque sabemos que no nos va a valer nada. Entonces pasamos de largo, pensando “No existe, no existe…”. Un día entré en una tienda de ropa interior con una amiga y salí de allí con la bajona porque no había ninguna copa superior a una maldita D. Y la dependienta (muy maja, todo sea dicho) me llevó a la zona de sujetadores ultrabásicos (nada de cositas monas), donde tenían las D como si fuesen algo raro. Una copa más sí que necesito, pero llena de Martini. Gracias.

  • El Primark-Nirvana. La verdad es que, en el Primark que conocemos, mi madre puede entrar estupendamente en el probador y yo puedo encontrar unos cuantos sujetadores que me valen y a buen precio (importante). Así da gusto ir de compras. Aunque solo he visto de los básicos, el tallaje es una pasada, espero que amplíen catálogo. Seguiré informando.
  • El misterio de las tallas cambiantes. Esto seguro que os ha pasado infinidad de veces. El hecho de ir a una tienda, decir “Vale, uso X talla”, pasar a otra tienda y que de repente la talla sea otra. El misterio no es que cada uno haga lo que le da la puta gana con el tallaje, el misterio es: ¿pur qué? (Mourinho attacks)

  • La raza de pasillos cabrones. Puedo entender que en la mayoría de tiendas no sobra el espacio, pero vamos a usar la lógica. Si una silla de ruedas o un carrito de crío no puede pasar, no es un pasillo, es una puta trampa mortal. Ya está. Os regalo el estándar de medida de pasillo: el ancho de una silla de ruedas. Que muchas veces hemos tenido que ir marcha atrás o poner el Maps para salir del lío.
  • Las rampas asesinas. Seguro que vuestro centro comercial de confianza tiene unas buenas escaleras y/o rampas mecánicas, además de los ascensores. El caso es que, a veces, en ocasiones, veo que acortamos tiempo si cogemos la rampa en vez del ascensor. Pues bien, imaginaos: mi madre, yo, una silla de ruedas y las bolsas que podamos llevar. Hemos estado a punto de escamocharnos más de una vez, creando una ligera cola detrás y yo mirando a las demás personas en plan Faraona: “Si me queréis, esperarse”.

  • La paradoja de la planta comedor. Después de pasar de largo varias tiendas invisibles en las que no nos va a caber nada, llegamos cansadísimas a toda la planta dedicada al comer. Cervecerías, restaurantes de comida rápida, comida italiana, heladerías… Todo muy de mantener una talla 34. Había un único restaurante en plan healthy y lo quitaron. Que, a ver, yo igualmente me lanzaría como un puma a por la comida italiana o los montaditos, pero coño, si me vas bombardeando con fotos de maniquís delgadísimas después no me pongas delante comida hipercalórica. He aquí la paradoja, que en las plantas inferiores te digan: “¡Adelgaza, ballena varada, y podrás ponerte nuestra ropa bonita!”, subas unos pisos y de repente: “¡Comidaaa! ¡Mucha comida para ti! ¡Aliméntate fuerte!”. ¿A quién hago caso?

Pues nada, BENDITO INTERNET. Ahí podemos encontrar todo aquello de lo que nos priva nuestro pequeño centro comercial: cualquier talla, nada de lugares estrechos y/o sin salida, cosas extrañísimas que no hay en tiendas físicas pero que molan demasiado…

¿Os ocurren misterios de este tipo? ¿Hay otros asuntos paranormales sobre las compras que deberíamos investigar?

 

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