Lorna comenzó a respirar con dificultad. De nuevo sus pliegues se encontraban húmedos. Llevó sus manos a la cintura de Alistair, tiró de la prenda mojada hasta que cayó al suelo. Necesitaba calmar el deseo que la acuciaba. Después sus manos comenzaron a elevar el borde de la camisa, que le llegaba a mitad del muslo.

—Lorna—agarró su mano interrumpiendo el proceso.—antes, tengo que hablar contigo…es un asunto importante.—dijo con seriedad.

—¿Estás casado?— preguntó con cierto temor mirándole a los ojos.

—No es eso.—contestó pero no añadió nada más.

—¿Comprometido con alguien? ¿Enamorado? — volvió a intentarlo Lorna afectada. Él volvió a negar.—Ah entiendo… si se trata de amor…No me hecho tales ilusiones…Esto no cambiará nada.—tragó saliva.

—No sé si es amor, o algún día será pero esto lo cambiará todo.—respondió con decisión.— Ya lo ha cambiado.—musitó. Lorna se quedó sin palabras por la impresión. —Lorna, lo que quería decirte es que…soy virgen.—Ella abrió los ojos incrédula.

—Pero, no puede ser…tú antes…—dijo confundida y sin creérselo.—sabías muy bien lo que hacías.

—He tenido encuentros con mujeres,—aceptó.—pero nunca he llegado a consumar en ninguna ocasión.—le explicó a una Lorna más que impactada.—No quiero que pienses que soy menos hombre por permanecer célibe. Yo Lorna…—la tomó de la mano. —Yo quiero hacer el amor contigo. — ella se quedó expectante mirándolo sin decir nada.—Lorna…—susurró levantando su rostro para ver sus preciosos ojos verdes.

—Hace mucho que no soy virgen, Alistair. —le confesó con voz trémula. Una lágrima cargada de dolor recorrió su rostro con rapidez, sabía que aquella frase haría que lo perdiera para siempre.

—Eso no importa. —contestó queriendo poner en claro la situación. —Olvida el pasado, solo estamos tú y yo ahora. —la estrechó entre sus brazos, ella le correspondió pasando sus manos alrededor del cuello. —Si estás dispuesta, dejémoslo todo atrás, otros hombres y mujer, incluso Caladh. Solo tú existes ahora para mí. —ella lo miraba con labios temblorosos.

Lorna no podía creer que ese hombre fuera de carne y hueso. Mucho menos que el caprichoso destino los hubiera hecho coincidir. El corazón le latía fuertemente en el pecho, del mismo modo que le pulso lo hacía en su entrepierna.

—Solos tú y yo, Alistair. —susurró antes de alzarse para besarlo.

No había vuelta atrás. Ninguno lo deseaban, anhelaban el roce de la piel del otro de forma acuciante. El beso demandante pero delicado, recorría los labios de Lorna lentamente. La suavidad y humedad de sus lenguas pronto los transportó a otro mundo en el que realmente no existía nadie más que ellos.

Alistair paseó las manos por la curva que formaban sus caderas y su cintura como había deseado tiempo atrás. Al terminar el beso, se atrevió a despojarla de la parte del vestido que cubría su torso, bajando el escote hasta casi llegar a su ombligo. Fue tan delicado en el proceso, que Lorna sintió un suave cosquilleo con la tela de la prenda. Él mismo se quitó la camisa ipso facto, quedando desnudo a excepción de las botas.

El cuerpo de Alistair era atlético más que robusto. Los músculos se le marcaban suavemente, creando un tejido fibroso. Se le erizaron los pezones, tras lo cual escuchó un pronunciado jadeo de Alistair. Lorna lo admiraba con deseo, sus manos se pasearon por su torso, descubriendo en cada toque el duro tacto de su torso. También encontró alguna que otra cicatriz que deberían de llevar bastante tiempo allí. No era de extrañar que un hombre de su edad las tuviera, aún más tratándose de un guerrero.

Mientras ella seguía en su cuidadosa exploración por el torso masculino, Alistair había quedado hipnotizado por sus senos. Blandos, generosos con esas erguidas puntas marrones.  Se encontraba aún más duro. La emoción por estar con ella y conocer el placer de compartir sus cuerpos, lo incitaban a dejar la corrección a un lado. Nervioso dirigió las manos a la parte trasera de la cintura de Lorna. Allí luchó con sus hábiles dedos para deshacer el lazo que mantenía el vestido en su sitio.

Lorna terminó por deshacerse del vestido. También aprovecho para descalzarse quedando totalmente desnuda ante él. La expresión de Alistair le produjo una risa nerviosa. El azul de sus ojos era fuego fatuo sobre su piel. Antes de que el rubor cubriera su rostro por completo, tomó de la mano a Alistair, el cual le siguió como un corderito. Hizo que se sentara en la cama. Lorna se arrodillo y empezó a aflojar la cinta de sus botas para liberarlo.

Una vez lo hubo hecho, apoyó las manos en los muslos de Alistair para inclinarse sobre su miembro. Estaba preparado para el acto, erecto con la cabeza hinchada e inusualmente ancho. Alistair gimió al primer lametón. Solo podía ver la melena oscura de Lorna, pero lo que sentía no podía expresarlo con palabras. Lo acogió en su boca, ejerciendo una suave presión con los labios. Pronto su lengua lo estaba mimando, humedeciéndolo, acariciándolo. El tacto era maravilloso para Lorna.

La respiración agitada y los sonidos involuntarios de Alistair la excitaban aún más. Introdujo su verga a mayor profundidad. Decidió combinar los movimientos verticales con tortuosos latigazos de su lengua. Paró al notar que él derramaba algunas gotas de simiente. Lamió la raja, retirando todo rastro de simiente con su lengua antes de liberarlo. Alistair intentó recobrar el aliento, mientras ella lo tumbaba en el viejo camastro. Él atrapó sus pechos con las manos,  llenándolos de caricias y movimientos intensos. Tenían el tamaño justo para abarcarlos con una mano.

Me colocaré sobre ti. —anunció Lorna en un murmullo cargado de excitación por los toques de sus dedos sobre sus pezones. Él asintió antes de besarla.

Se colocó a horcajadas sobre él. Tomó su miembro con una mano y lo guió hasta la húmeda entrada de su cuerpo. Descendió con delicadeza. Alistair abandonó el beso para emitir sonidos inteligibles que su resbaladizo interior le provocaba. Lorna gimió cuando lo tuvo totalmente en su interior. Se irguió sobre él mientras acompasaba su respiración. Verla sobre él era como un sueño blando y esponjoso. Su interior era cálido, su carne lo apretaba con exquisitez. Se mordió el labio cuando Lorna se movió sobre él. Sus caderas se balanceaban en un ritmo tortuoso que llenaba su miembro de pequeños calambres. Ella gateó sobre él sin dejar el sublime balanceo. Se besaron de nuevo, aunque fue breve pues Lorna tenía otras intenciones. Alistair acogió uno de sus pezones en los labios, cuando ella le ofreció los senos sobre su rostro. Sus manos inquietas acabaron en el trasero de Lorna al tiempo que le succionaba el pezón.

Escuchó los pequeños quejidos de ella. Eran muy agudos y llegaban hasta el centro de su alma. Involuntariamente su cuerpo se arqueó, elevando las caderas. Poco a poco acompañó el balanceo de Lorna sobre él. Ahora la fricción era más caótica y placentera. Ella jadeó cuando Alistair pasó de un pezón a otro. Su verga era ancha y el movimiento en su interior estaba haciendo que perdiera el sentido.

Alistair continuó besando sus senos y su cuello hasta que las embestidas se volvieron más frenéticas. Entonces necesitó amortiguar su deseo en los llenos labios de Lorna, proporcionándole leves mordiscos. Sus manos habían bloqueado la cadera femenina, ella no podía continuar su balanceo y quedaba expuesta a sus embestidas. Lorna gritó con gusto cerrando un poco sus músculos internos alrededor de él.

Despacio…—susurró ella en su oído a través de los mechones pelirrojos. —quiero que dure más.

Como desees. —contestó aminorando la intensidad de las embestidas.

Ahora ella decidió marcar el ritmo que llevarían ambos. Pronto la pequeña habitación se redujo a ellos dos. Los jadeos y gemidos eran su única compañía. Tras mantener un ritmo constante durante algún tiempo, el cuerpo de ambos demandaba más intensidad. El aire estaba cada vez más cargado de sonidos inteligibles. Lorna se movió más rápido sobre su cuerpo, Alistair la siguió encantado con fuertes embestidas. Los dedos se aferraron fuertemente al trasero de ella cuando la voz aguda de Lorna emitió un grito de placer sobre su boca. Había llegado al clímax en aquella nueva posición. Cayó sobre Alistair sin fuerzas mientras su interior seguía emitiendo pequeñas sacudidas.

Lorna sintió la respiración agitada de Alistair al tiempo que perdía momentáneamente la vista. Él se unió a ella en su carrera al orgasmo con un ronco sonido. Gimió al notar las contracciones de su miembro al expulsar su cálida simiente. El pecho de Alistair la elevaba a ella en su intento de recuperar la respiración.

La buscó con la mirada, permanecieron así durante unos instantes. Él la veía hermosa con el rostro sonrojado y esa suave sonrisa en sus labios. Ella encontró en sus ojos azules esa mirada satisfecha. Satisfacción, ternura, preocupación, podía sentir todo eso en la mirada de Alistair. Sin darse cuenta, sonrió aún más.

 

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