Hace poco tiempo conocí por redes a una mujer que compartía gustos literarios conmigo. A raíz de una conversación en un foro, empezamos a hablar por privado y llegamos a compartir cierta amistad. No diría que es mi mejor amiga, pero sí alguien a quien aprecio y con quien comparto charlas agradables, no solo de literatura.
EL caso es que, en una de nuestras primeras charlas más íntimas, donde empezamos a hablar más de nuestras familias, supe que tenía un hijo y una hija. No lo sabía, pues siempre que yo enviaba un audio en horario de tarde se escuchaba algo de barullo de mis criaturillas, me disculpaba y ella nunca me había dicho que le pasase igual ni nada parecido.
Pero una tarde en que tuvimos una videollamada mientras hacíamos cosas por nuestras respectivas casas, sonó el timbre de su casa y me presentó a sus retoños. Al momento me pidió que siguiéramos la conversación en otro momento y se fue.
A los dos días me volvió a pedir perdón. Me dijo que “para lo poco que puedo estar con ellos” le gustaba aprovecharlo al máximo. Yo sabía que ella era empresaria, que tenía un negocio muy exitoso que le robaba muchas horas de sueño (por trabajo y por preocupaciones). Lo que no sabía era que estaba separada.

Cuando yo me separé, mi ex me dijo claramente “es más fácil que se queden contigo, yo siempre voy a estar fuera más horas que tú”. No hubo discusión, yo lo prefería así, los niños también y él… ni qué decir. Nadie jamás opinó al respecto.
Sin embargo, esta chica me contó que tuvo exactamente la misma conversación con su ex. Él es funcionario, trabaja de 8 a 3, de lunes a viernes. Tiene familia cerca que le ayuda a conciliar en los momentos complicados (cuando los virus escolares asedian su casa o cuando hay una cita importante). Ella trabaja entre 12 y 15 horas cada día, porque tras la jornada de trabajo se lleva el ordenador a casa, se obliga a coger un fin de semana libre cada dos (a propósito, para estar con sus peques), tiene una carrera profesional bastante exitosa que le ha costado décadas de estudio y esfuerzo. Su familia vive en otra comunidad autónoma, si tuviera que dejar al niño con alguien para llevar a la niña a urgencias tendría que tirar de la red de apoyo de su ex, porque ella no tenía.
Las diferencias con su ex tenían más que ver con su vida íntima que con su relación como padres, así que confiaba plenamente el él. No quería castigar a los niños siendo ya casi adolescentes, a pasar las tardes solo viéndola trabajar en el ordenador por no reconocer que lo más lógico es que estuvieran con su padre.

Sin embargo, desde la madre de él, hasta la chica que limpia las escaleras en el bloque en el que vive, todo el mundo ha tenido algo que decir sobre aquella decisión en la que ambos estaban de acuerdo y los peques también.
Que si una madre jamás renuncia a sus hijos (que ella no renuncia a ellos, igual que no lo hizo mi ex en su momento y nadie le dijo tal cosa), que si para ella es más importante el dinero que sus niños, que si desnaturalizada, que si para qué los tuvo…
No escuché decirle eso jamás a un hombre que deja a sus hijos y se va a rehacer su vida sin incluirlos ni siquiera en una llamada telefónica al mes. Tampoco a aquellos que no pagan la pensión, ni acuden a reuniones, ni conocen a los amigos de sus hijos. Sin embargo, esta mujer increíble que ha reducido su vida social a charlar con alguna “amiga” por audios que se contestan de un día para otro sobre los pocos libros que le da tiempo de leer antes de caer rendida para poder desconectar un poco antes de dormir, que les ingresa a sus hijos una pensión que ya quisiera yo para los mis dos lo que ella paga por cada uno, que no se pierde un festival, una tutoría ni un evento importante, aunque le cueste dinero parar su trabajo; ella sí escucha todo es y mucho más.
Por eso no me había dicho que tenía hijos, porque como yo tengo tres y estoy al otro extremo de la misma historia, creyó que yo pensaría de ella que es una mala madre.

Pero ¿qué es una mala madre? Aquella que trata con maldad a sus hijos, la que los desatiende de forma consciente y no hace nada por remediarlo, la que maltrata, la que ningunea, la que… Pues exactamente lo mismo que un mal padre, pero habiendo parido primero.
No puede ser que hombres que no saben en qué curso están sus hijos se llenen de alabanzas por llevarlos un día al parque, aunque ni siquiera sepan donde está la consulta del pediatra; y una mujer que se preocupa, ama y respeta profundamente a sus hijos, sea juzgada por ser lo peor solamente por priorizar lo que creía que era mejor para ellos.
El acuerdo que tienen incluye una revisión en 5 años, donde si ella es capaz de delegar parte de su trabajo, puedan tener la tan ansiada custodia compartida. Pero no preocupa a sus hijos que lo consiga, tampoco a su ex, pero ella sabe que será la única manera de dejar de escuchar que una madre no hace eso.
Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.
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