Cuantas faltas de respeto…
Que un niño perciba en una procesión un “señor muerto”, es algo que entra dentro de la normalidad, no tiene el desarrollo suficiente para hacer interpretaciones profundas, pues no ha desarrollado la capacidad simbólica, histórica y cultural que las mujeres adultas sí que deberíais de haber desarrollado, independientemente de no tener fe.
El tener esa comprensión profunda de lo que estás viendo requiere de formación, vivencia y discernimiento. No es un espectáculo para mirar desde fuera como si fuese un carnaval tétrico.
Lo verdaderamente triste no es que un niño se impresione ante una imagen religiosa: eso es normal y hasta esperable, porque aún no tiene las herramientas para comprender su profundidad. Lo preocupante es que un adulto mire esa misma imagen y se quede exactamente en el mismo nivel de percepción superficial, como si se tratara solo de “un señor sangrando en una cruz”.
Esa actitud revela una falta de formación y de disposición para entender lo que no se conoce, y aun así se permiten opinar con tono de burla o desprecio. La fe cristiana, y en particular el catolicismo, no es una estética lúgubre ni un espectáculo grotesco: es una experiencia de sentido, de salvación, de esperanza, transmitida durante siglos a través de símbolos que requieren inteligencia, sensibilidad y, sobre todo, apertura.
Opinar sin conocer es fácil. Lo difícil es tener la humildad de reconocer que hay cosas que, si no se viven ni se estudian, no se comprenden. Y lo que no se comprende, merece al menos respeto. Porque detrás de cada imagen, de cada rito y de cada tradición, hay una historia de fe, de dolor, de amor y de redención. Solo ve “lo tétrico” quien es incapaz de ver más allá de sus propios prejuicios.