Bueno, no me molestaré en decir mucho sobre las que dicen que la autora es una egoísta y blablabla, porque está claro que tenéis la misma comprensión lectora que una ameba, y espero que vuestros hijos os den una patada en el culo cuando se den cuenta que solo los queréis para aprovecharos de ellos.
Lo que no me callaré es a la salvajada que estáis soltando con que, en la «época que tuvieron a la autora era una MALA ÉPOCA para trabajar», porque está claro que historia la debíais aprobar a base de chuletas o de empollar, pero que no tenéis ni idea:
Si la autora tiene unos 30 años, sus padres deberán rondar ya los 65/70. Eso quiere decir que sus padres debieron nacer entre el fin del franquismo, la transición e instauración de la democracia: tiempo en que las mujeres podían estudiar con mucha facilidad y los hombres se podían sacar un buen empleo gracias al servicio militar.
Además, sin estudiar, todavía se tenía industria en España y no se pagaba mal. Si su padre era obrero, ya ni hablemos del pelotazo del ladrillo que se mantuvo DÉCADAS. Vamos, que trabajo y oportunidades había para dar patadas. Pero claro, a lo mejor a sus padres les molaba más vivir al día que ser hormigas ahorradoras… No es ningún secreto que, justamente, las familias que menos habían estado ahorrando y más esperaron en comprar casa fueron a las que más fuerte le dio la crisis del ladrillo de inicios de siglos.
Vamos, que ninguna razón tenéis las que le decís a la autora que tiene poca empatía y lo mucho que se sacrificaron sus padres por una época que, al entrar en el mundo laboral, tenían oportunidades bastante sobradas.
La autora no ha sido egoísta, nunca, ha tenido que desarrollar una empatía y madurez más rápido que cualquier otra cría de su edad cuando era una adolescente, porque entendía el problema de su casa. Y, como persona adulta que tiene derecho a hacer su propia familia (y no cometer los mismos errores) y ve que sus padres pueden gestionarse solos, puede vivir al fin sin estar manteniendo a nadie.