Quienes lo defienden alegan que se facilita a alguien con discapacidad la posibilidad de tener experiencias sexuales que de otra forma le estarían vetadas por barreras físicas o de dependencia de cualquier tipo. En algunos países está regulado. No hay mucha información al respecto pero si investigas un poco, casualmente todas estás personas que lo necesitan son hombres y el personal cualificado y formado para esta asistencia, mujeres. ¡Qué casualidad!
Es prostitución camuflada. El sexo no es un derecho ni un bien de consumo.