Para mí no es objeto de debate. Ya puedes venir el hombre perfecto por excelencia que si su higiene no es la correcta, en lugar de deseo siento repulsión.
Y mira que no soy precisamente quisquillosa, pero no podría tener un proyecto de vida con una persona adulta a la que le tenga que recordar que se tiene que quitar la comida que se le pudre entre los dientes y luego darle un beso como si nada, sabiendo que es lo primero que te ves en el espejo. A saber cómo llevaba lo de abajo…