Desde el profundo ateísmo que me mueve a respetar las creencias de otras personas, haz caso a tu instinto. Si te apetece ir, ve. Un muerto no se enfada, nos siente, no sufre ni guarda rencor. Pero permanece vivo de algún modo en tu memoria y eres tú la que elige cómo y por qué deseas recordarlo.
No hay más. Todas las vueltas que le des más allá de esto son solo rumiaciones.