Yo lo he sufrido bastantes años de mi vida, y sigo luchando contra él. La comida se convirtió desde la adolescencia en la forma de calmar los demonios internos, y llegó un momento en el que no podía parar, daba igual el tipo de emoción, todas terminaban ante la nevera. Con tratamiento he ido superando esos impulsos, aunque tengo recaídas, algunas bastante fuertes, hace poco pasé por una depresión, y fue la peor etapa del trastorno… Por suerte, el que ahora es mi marido siempre ha estado a mi lado, ayudándome, apoyandome, y no dejando que me hunda hasta el fondo (y Amando cada Michelín que el exceso de comida añade a mi cuerpo, para que yo no me odie). Sin mi psicóloga, mi marido y mi mejor amiga,todavía estaría dentro de esa espiral autodestructiva, aunque a veces vuelvo a meterme un poquito, tengo las herramientas para salir.