Te preguntas por qué… y no sé ni por dónde empezar la respuesta. Porque el mundo ya se inventó hace decenas de miles de años y la mayoría de los hombres y las mujeres están cortados por el mismo patrón. Porque para la mayoría de los hombres «follamiga» significa «sexo gratis, sexo a cambio de nada, o sexo a cambio de sexo» , nunca «sexo a cambio de sentimientos, mucho menos compromiso». Es un intercambio con un amigo: tú le dejas a un amigo un taladro y él te deja el cortacésped. Pues lo mismo: tú le das a una amigo un orgasmo y él te devuelve con otro.
Vamos a suponer que en esa relación de intercambio de fluidos (para un hombre una «follamiga» no es otra cosa) se le desarrollan a él unos sentimientos: tú eres una tía estupenda, está muy a gusto contigo, el roce hace el cariño, etc. Pues ahí entran en juego otro sentimiento muy, muy arraigado en la condición masculina que es el de la exclusividad en la relación (para ella, no para él). La mayoría de los hombres quieren que sus mujeres sean para ellos solos (ellos no, ellos pueden tener varias). Y tú, «follamiga», eres sospechosa de lo contrario, eres sospechosa de poder tener varias relaciones a la vez (las tengas o no) o de, al menos, estar abierta a ello. Y entonces te verán como una tía genial peeeeeeero… «not girlfriend material», como decía otra compañera. Sí, amigas, la mayoría de los hombres quieren que sus parejas los pongan en un pedestal, que les admiren, que les digan que son los más listos y los mejores amantes, que les digamos que ninguno de los que ha habido antes de ellos han sido mejores, y eso hace que las «follamigas», que se supone que tienen o pueden tener varios puntos de comparación a la vez, no sean elegibles.
Y así es desde que el mundo es mundo para la inmensa mayoría de los hombres.