No es imprescindible insultar ni agredir físicamente a alguien para maltratarlo. Date cuenta de que si, de repente, te pegara o insultara probablemente no tendrías dudas y te marcharías.
La dinámica del maltrato inicialmente es mucho más sutil, con “pequeñas cosas” que te van haciendo sentir pequeñita o culpable.
Si metes a una rana en agua hirviendo dará un salto; si la metes en agua calentita y vas subiendo el fuego cuando se vaya a dar cuenta será tarde.
No le des más vueltas, deja la relación.