Lo único que estaba en tu mano era invitarlo a tu boda. El resto, ni te va ni te viene.
«Oye, he invitado a mi hermano a mi boda, no sólo no viene, que sepáis que no quiere saber nada de vosotros. Lo desheredáis? Es que a mí vuestro dinero me vendría bien. Jo, no entiendo por qué os enfadáis, creo que es lo mejor para mí».