Tu madre tiene razón. Con su dinero puede hacer lo que quiera. Y tú, puedes hacer lo que quieras con tu tiempo. Incluye no hablarle ahora ni nunca más. Y por supuesto, cuando necesite cuidados por ser vieja y estar enferma, que todo llega, le llevas unas latas de atún, unos tuppers de croquetas y que se arregle con tu hermana.