Las 24 horas previas a mí cesárea, la intervención de urgencia y las 24 horas posteriores han sido, sin lugar a dudas, las peores de mi vida. No tengo un parto con el que comparar, pero sí sé que esos dos días y los posteriores (que fueron un poco mejor pero aun así no podía ni reírme sin soltar lágrimas de dolor) no se me van a olvidar en la vida.
Lo dicho, cada persona es un mundo.