Tú no eres su madre, pero has decidido que ella es tu hija y la tienes que proteger sobre todas las cosas, y que no puede equivocarse porque tú tienes la verdad absoluta y tiene que hacerte caso a ti sobre todas las cosas. Déjala vivir, déjala que se equivoque. Viviendo es como se madura. Si eres una amiga de verdad no querrás gobernarle la vida, la consolarás para cuando se equivoque a pesar de tus consejos (no mandatos) y venga a ti llorando. Eso es lo que hacen las buenas madres y las buenas amigas.
Si yo fuera ella, probablemente yo estaría más cansada de ti que tú de mí.