No se trata de «bajar el listón», sino de relativizar el aspecto físico, centrando la búsqueda/atención en rasgos de personalidad, como la educación, la nobleza, la honestidad o la alegría. Yo he vivido una historia parecida a la tuya, tras una relación de 14 años, en una ciudad pequeña y no haber estado nunca en el «mercado». Tras 4 años de espera «desesperada» apareció el príncipe azul, procedente de tierras lejanas y por casualidad. Me atrajo lo que me transmitió y fue su belleza interior la que me enamoró, además de tratarme como a una reina.
¡Mucha suerte!