Ignorar no es la solución, hay que contestar para que a la próxima vez que se les ocurra tocar se lo piensen porque se pueden llevar una mala sorpresa.
Di lo que te pida el cuerpo.
Al principio te costará, incluso puede que te culpabilices por contestarle, pero con el tiempo te acostumbrarás y te sentirás cómoda defendiéndote.
Ánimo.
¡NINGUNA AGRESIÓN SIN RESPUESTA!