Hola,
Lo que has vivido es muy duro. Mi padre también se suicidó cuando yo apenas entraba en la adolescencia. Hace ya mas de 15 años. Debes saber que no se olvida, simplemente se aprende a vivir con ello. Cada vez duele menos o como mínimo el dolor no es tan intenso aunque vuelve a ratos cada vez que te gustaría poder compartir alguna noticia con él.
Tardé, tardé mucho en aceptar su marcha pero cuanto antes aceptas que no va a volver y que eso nos va a acompañar toda la vida, se hace más llevadero. Debes encontrar la forma que te ayude más a ti. Yo suelo hablar en voz alta como si él estuviera delante cuando tengo algunas preocupaciones ó buenas noticias, amig@s mios a sus respectivos familiares les escriben cartas, poemas, canciones…
En mi caso me ayudó mucho poder hablar abiertamente del suicidio de mi padre, de su forma de afrontar las cosas y reconocer que era simplemente humano y que no contó con las herramientas para hacernos saber que no estaba bien ni nosotros con las necesarias para darnos cuenta. Al final, asumimos que no había culpables y que fue su decisión aunque no creo que los suicidas se paren jamás a pensar en el dolor que van a dejar detrás de ellos antes de quitarse la vida. No hay nada personal contra nosotros y sólo nos queda “aceptar” su decisión y recordarles con sus cosas buenas y sus cosas malas, sus risas y sus enfados, los momentos cómplices y las peleas.
Tampoco culparnos con el “como no me di cuenta”, “quizá si…”, “que hicimos mal?” Y mil y una frases mas que se te pasan por la cabeza sirve de nada. Buscamos motivos: que si los efectos adversos del medicamento que estaba tomando, que si el clima, que si… pero es más complejo: algo le hizo creer que ya no podía mas. Sin un detonante, sin responsables, sin más.
Algunas veces me ha pasado por la cabeza lo que comentas de si podría acabar haciendo como él pero no es algo hereditario. Compartir ADN no nos hace igual a ellos y precisamente después de haber sufrido su suicidio, nos hace más conscientes de cuándo debemos pedir ayuda. Así que si en algún momento te sientes cerca de tocar fondo, pide ayuda. Habla con alguien y si sientes que ya están en ese punto, acude a un profesional que te ayude a gestionar tus sentimientos.
Desde aqui te mando un abrazo de los de 5 min. De los que reconfortan sin decir ni una palabra y sobretodo mi apoyo. Lucha, lucha por ti, por tu familia y por tus amigos, pero lucha.