Ya que lo tienes tan claro, ¿por qué no pruebas a ver el vaso medio lleno? O sea, entiendo te sientas sola si tu marido pasa del colegio, e imagino que la situación ideal sería algo así como que a tu marido le encantase el colegio, el ambiente super elitista, relacionarse con los otros padres, presumir de niño bilingüe y de uniforme, que estuviera encantado con el plan de estudios británico y que, además, colaborase en los gastos.
Pero, ¿has pensado que precisamente gracias a que tu marido «pasa» has podido imponer tu voluntad, pisando la suya, y escolarizar al niño exactamente donde tú querías y como tú querías? Quizá pensándolo así veas el vaso medio lleno.
Mi marido, por ejemplo, se implica muchísimo en la educación de nuestros hijos (tenemos tres). Desde el primer momento al elegir colegio fue a todas las jornadas de puertas abiertas, hizo preguntas en todos los sitios, se informó de absolutamente todo y exploró un montón de opciones. Ahora no se pierde una reunión con las tutoras, siempre está al tanto de los horarios, exámenes, actividades y proyectos de nuestros hijos; sabe cómo van en todas las asignaturas y no le duele nada gastar el dinero en extraescolares o en cualquier otra cosa que tenga que ver con la educación. Eso sí, es un ferviente defensor de la educación pública -no por una cuestión económica, sino por valores: si por él fuera, mañana mismo cerraban todas las privadas y concertadas-, de manera que si yo hubiera querido llevar a los niños a un colegio privado británico… creo que lo hubiera tenido muy difícil, si no imposible. ¿Preferirías un marido como el mío? Sospecho que no…