Disculpame, pero no creo que sea una cosa que se olvide en cinco minutos, es más, forma una personalidad que cuesta mucho quitarse de encima.
Todavía tengo presente como para mí ir cada domingo a las comidas familiares era un suplicio, mis primas mayores me obligan a hacer cosas que no quería y si en algún momento me negaba o me costaba hacer algo todo era insultos y me castigaban sin compañía. Todo esto sin que nuestros padres se diesen cuenta o le quitaran importancia.
Tenía 7 años y ellas unos cuantos más.
Tengo 24 y todavía lo tengo muy presente.
Afortunadamente las madres están cambiando y se agradece.