Yo no los saludo. A los que fueron unos gilipollas ni por apariencia ni nada. Como mucho le hago un gesto con la cabeza y sigo a lo mío o me voy. No gasto saliva en esa gente ni muerta.
Sin embargo hay otros profesores que eran lo contrario y me alegro muchísimo cuando los veo y me reconocen o se los encuentra mi madre.
Vamos que a gilipollas no hay que acompañarlos.