Hola cariño. Primero que nada, lamento muchísimo tu pérdida. Como muchas personas, perdí a mi papá a los siete años y a mi mamá a los veintitrés. Tengo veintiocho y era tremendamente pegada a mi mamá. Éramos un equipo, grandes amigas y la persona a la que le debo mis mejores cualidades.
Murió de un cáncer que nos tuvo en vilo tres años. Y como tú, yo sentía la presión de «estar bien» cuando ya había pasado un tiempo. ¿Te cuento algo? Tienes todo el derecho del mundo a no estar bien. Y tienes todo el derecho del mundo a decirle a la gente qué es lo que tú necesitas y esperar de ellos. Hablándolo (y yendo a terapia, si te lo puedes permitir), vas a aligerar la carga. Y si no quieren entender, pues… ninguna persona en nuestras vidas es indispensable, menos aún gente que no tiene intención de estar ahí cuando la necesitemos.
Mucha fuerza, un gran abrazo y recuérdalo: No estás sola