Pues yo hago como muchas decís: elegir y pedir lo que me gusta y hacerme la sorprendida delante del niño… Pero, ¿no os resulta triste? Porque a mí cada vez me duele más, tantos años sin abrir un paquetito y llevarme una sorpresa verdadera. No soy nada materialista, con un libro o un pintauñas me conformo, pero mi marido es un hortera de manual, con el gusto peído y yo ya he perdido la esperanza, pero cada cumpleaños me entristece más.