A mí eso me huele a orgullo de machito… Yo diseñé las invitaciones de mi boda, mi nombre lo puse el primero, enseñé el texto a mi marido para revisarlo y, salvo darme opinión de alguna expresión, todo le pareció perfecto. Vamos es que ni nombró lo de los nombres.
Después para otra papelería de decoración puse su nombre primero, porque yo quise repartir un poco el orden y me dijo: oye ahora lo has puesto al revés (vamos que se había fijado pero le pareció bien y una tontería decir nada por el orden), le comenté que era por variar y me contestó: lo que tú quieras.
Cero dramas, tu prometido que aporte y se debe de pamplinas.