La próxima vez que empiecen a comentar tu cambio, se borde, pero mucho. Suelta un comentario sobre el físico de quien te lo diga a ti, que seguro que perfecto/a no es. Y cuando se indigne, que lo hará, le dices que a ti tampoco te gusta oírle opinar sobre un cuerpo que no es suyo. A veces hay que ser desagradable para que la gente entienda dónde no tiene que meterse.