Concuerdo. Hay madres y madres y a esa niña le ha tocado una de las peores. «odio a mi hija» y se quejará de que la niña no actúe normal… Quizá si la hubiesen llevado al psicólogo al principio de todo o hubiesen ido madre e hija no estarían así. Y lo peor es que quien paga el pato es la niña, viviendo como una delincuente en un centro. Pffff