Respuesta a: UN FIN DE SEMANA EN LA NIEVE CATASTRÓFICO

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Nat
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Nat on #98301

I feel your pain. Completamente.

No he pasado por lo que cuentas de la nieve. Pero he montado a caballo.

El primer obstáculo, encontrar botas que me pasen del tobillo. Afortunadamente, algún gordo (no le encuentro otra explicación) inventó una cosa llamada polaina que viene en todas las tallas del mundo porque los hombres altos tienen tanto gemelo como yo. Y yo, con un 37 de pie, tenía que comprarme botas del 42 para que me sirviesen de caña. Con las polainas que no tienen pie, se usan con botines, salvé el primer obstáculo. Pero hasta que las descubrí, fueron años de vergüenza al parecer un hobbit, con mi bota de hombre del 42, que no se me caía por la única razón de que me quedaba tan ajustada a la pierna que era imposible perderla.

El segundo obstáculo es el caballo. Y quizá debería ser el primero, por ser el más importante. Cuando pasas de los 100Kg no puedes subirte a cualquier caballo. Sólo ciertos caballos con cierto tamaño y constitución pueden soportar tu peso, añadido al de la montura. Así que disfruta de subirte al caballo más grande y gordo que haya. Mientras tus amigas parecen princesas en caballos de hada, tu pareces Sancho Panza. Como eres adolescente, se te ocurre preguntar por qué tú nunca puedes montar el caballo blanco. La respuesta «es que le romperías los riñones». No es lo mejor para tu autoestima. Un día, después de caerme de un caballo que medía más de 1,80 a la cruz y hacerme una contractura en las lumbares que me tuvo jodida mes y medio y de que el tío más bueno del club (un clon de Eduardo Noriega) viniese a levantarme y a intentar devolverme a mi montura a fuerza de biceps (y lo consiguió no sé ni como, porque yo sólo quería que me tragara la tierra), decidí, aparte de que me quería morir, que iba a adelgazar lo suficiente para poder subirme a un puto pony si me daba la gana.

El tercer obstáculo es la montura. Cuando consigues elevar tu pierna lo suficiente para poner el pie en el estribo y consigues tener la suficiente agilidad (es difícil y te cuesta más que a alguien que pesa menos de 100Kg pero se consigue con práctica) para empinarte a lo alto del caballo, la mitad de las veces, en el impulso te traes la silla de montar por tu peso. O sea, que la silla acaba en en la puta barriga del caballo. Eso no pasa con gente que tiene un peso normal, no. Sólo nos pasa a las gordas. Para que no pase, es necesario apretar la cincha un par de puntos más. Que no parece nada del otro mundo, total, aprietas la cincha un poco más, te subes, y a correr, ¿no? NO. Resulta que el caballo es un ser vivo, y si aprietas demasiado el cinturón le haces daño, le salen cincheras, se le hacen heridas y rozaduras, y todo eso es por culpa de tu culo gordo.

El cuarto obstáculo es aprender a montar a caballo. Mientras estás aprendiendo, botas encima de la silla. No es lo mismo 50Kg de botes, que 120Kg de botes. Le puedes provocar un esguince cervical al caballo. Pero es que una tía que mide 1,80 y pesa 80Kg que está en su peso, también le puede provocar un esguince cervical al caballo por botar con ese peso. Eso depende más de tu profesor que de ti, pero hay mucho hijo de puta que le echa la culpa a la gorda que va subida en el caballo.

A pesar de todos estos obstáculos, te diré que montar a caballo es una de las actividades que más me gustan en la vida. Y que conseguí adelgazar (¡y sin operarme!). No lo suficiente para montar en un pony (debería pesar 40Kg) pero si para subirme a cualquier caballo, hasta el épico caballo blanco que parece de hada. Y descubrí que cuanto más gordo el caballo, más noble y más cómodo resulta. Al final, soy fan de los caballos gordos con pelos en las patas. Y aún habiendo adelgazado lo suficiente para poder subirme a cualquier caballo, un gilipollas me dijo que pesaba demasiado para llevarme en su moto. Tenía 4Kg de sobrepeso en aquel momento, con respecto a mi normopeso (yo, que llegué tener un sobrepeso de más de 60Kg, que es una persona entera). Descubrí que no es que yo estuviera gorda. Es que él era un flojo. :)

El día que fui a los karts como una actividad del trabajo y nos dijeron que teníamos que ponernos monos, casi me muero. Ya había adelgazado, pero quise irme de allí inmediatamente. Me rajé, y empecé a marcharme. No podía enfrentarme a eso. A que no hubiera un mono de mi talla. La vergüenza torera de tener que retirarme por no entrar en la ropa y no porque hubiera cambiado de opinión. El monitor me miró de arriba abajo y me alargó un mono de la talla S (ten en cuenta que son unisex, en ropa de tía es raro que baje de la XL jajajaj). Me eché a reir, pero no quise discutir. El puto mono me servía. Imagínate hasta donde llega nuestra rotura mental.

Es verdad que la vida es más fácil cuando se pesa menos. Pero no es mucho más fácil. A día de hoy oscilo entre un sobrepeso de 4Kg y de 15Kg que es un margen enoooorme. Pero cuando has tenido un sobrepeso de 62Kg, eso no es nada. Y aún así, vivo con miedo de hacer millones de cosas por gorda. Porque sigo teniendo la mentalidad de obesa mórbida que se derrama por los laterales del asiento del cine, que no puede bajar la bandeja del asiento del avión porque le choca con la tripa, o que ha roto sillas al sentarse.


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